Una banda escolar practica su música ruidosamente a las afueras del tranquilo pueblo de Porvenir, en la región de Baja California, en el norte de México. Al costado opuesto de la calle, hay una escuela de distinto tipo. Los residentes locales están aprendiendo acerca del valor real de los viñedos que abundan en el paisaje del hermoso aunque agreste Valle de Guadalupe. El vino llegó a Baja California con los sacerdotes españoles de la era colonial. Pero el colapso de las barreras comerciales desde finales de la década de 1980 abrió la pequeña industria vinícola a la competencia extranjera, y el mercado empezó a marchitarse.

Los amantes del vino en Ciudad de México solo recientemente han empezado a preferir los vinos locales en vez de los franceses o chilenos, pero la reputación por confiabilidad y calidad de los productos mexicanos está creciendo, en casa y en el extranjero. Sin subsidios Los primeros vinos en México fueron introducidos por sacerdotes españoles. A diferencia de otros países, México no ha subsidiado a su industria del vino, aunque una reciente visita del mandatario mexicano Vicente Fox le dio a todos en el valle un motivo de esperanza. Tal vez el factor más grande que limitará el desarrollo de la región es el agua. A medida que el puerto local de Ensenada crece, está quitándole los suministros de agua a los viñedos y otras actividades rurales. "Si esta región no tuviera problemas con el agua, sin duda estaríamos creciendo diez veces más rápido", sostiene Hans Joseph Backhoff, de 28 años de edad, cuyo padre es uno de los socios en la bodega de Monte Xanic. Acaban de abrir una nueva zona de almacenamiento, que puede guardar 4.000 barriles de vino. Tranquilidad Los viñedos requieren de gran cuidado y climas especiales. Siguiendo a la visita de Fox, los cielos se abrieron y llovió copiosamente llevando a que los cultivadores bromearan acerca de una intervención divina por decreto presidencial. Pero el valle está llegando rápidamente a un punto crítico de desarrollo, en el que los recursos no darán abasto para satisfacer la demanda. "Dicen que Napa hace 50 años era así, pero, ¿ha ido recientemente? No, gracias", dice uno de los cultivadores de vino más establecidos del valle, Abelardo Rodriguez. Rechaza la actual cultura de turismo rampante y altos precios en el valle de Napa. "Hay demasiados allá. Aquí todavía es tranquilo y muy bonito", agrega.