Por Arantxa Barros. Cuando me pidieron escribir algo sobre el mundo del vino para este número de O SIL tení­a claro que iba a ser sobre el mundo del vino en Valdeorras, pero dudaba sobre la perspectiva que habrí­a de tomar para contarlo. Podrí­a incluso crear polémica y así­ cumplir con el dicho "que hablen de uno aunque sea mal, pero que hablen".

 

Finalmente he decidido no tocar ninguno de los temas referentes a reformas de OCM, excedentes, contratos homologados y demás, de lo que tanto habrán leí­do y que de tan actualidad están y decantarme por otra actualidad bien distinta, que es la del dí­a a dí­a de la gente que vivimos por y para este mundo tan apasionante y a veces tan complicado que es el de la vitivinicultura. Esa forma de vida que no aparece un dí­a de repente. Todo lo que no se ve tras una copa o una botella y que, sin embargo, lleva siendo así­ muchos años. Herencia de generaciones anteriores hasta no tener muy claro cuándo.

Hace muy pocos años que me dedico a esto profesionalmente, pero he vivido este mundo toda la vida. Cada mes de septiembre, desde muy pequeña, ahí­ estábamos todos codo con codo ayudando a los abuelos, que a su vez ayudaron a los suyos. Todaví­a recuerdo al "Pesquera" preparando el "cesto carral" para que los nietos nos subiéramos a pisar las uvas "na Veiga"o en la "Regueira", o a la abuela "Maruxa" subida en la burra, con la destreza de una amazona a caballo, bajando de Valdemioto por caminos que todaví­a hoy nos cuestan en todoterreno. Al cabo de un mes y pico la frase que más se escuchaba era "¡Ven tomarlle un vaso!" y lo ofrecí­an con tanto orgullo con el que ofrecemos hoy el vino mejor elaborado.

Era el resultado de su trabajo de todo un año, no sólo del mes de septiembre y la vendimia que todos conocemos. Hasta ese momento ya habí­an pasado la poda, el desherbado, múltiples manos de azufre y sulfato... Era el fruto de una pequeña parte de su cultivo, puesto que la más grande estaba destinada a la Cooperativa, como la de casi todos los viticultores del momento, para que en el resto del paí­s y del mundo pudieran disfrutar los caldos de Valdeorras.

Tal vez muchos no lo sepan, pero la Denominación de Origen Valdeorras es una de las más antiguas de España, data de 1945. Descubrimos la forma de comercializar vino antes que hacerlo con la pizarra, aunque los dos ya estaban ahí­. Su reglamento es del año 1977 y ya desde ese momento contemplábamos estar a la altura de las grandes, haciendo previsiones e incluyendo, entre otras, la posibilidad de elaborar vinos de crianza como los que hoy algunos ya nos hemos atrevido a elaborar. Un año antes se aprobaba el reglamento de Ribeiro, mucho más limitado que el nuestro. Nuestros viticultores y bodegueros creí­an en lo que hací­an, como ya lo habí­an hecho en 1945.

Valdeorras ha sido y es privilegiada para el cultivo de la vid pero castigadora para los que trabajan en sus viñas. Contamos con una gran variedad de suelos que no son siempre fáciles de trabajar pero con todas las buenas cualidades para trabajar las mejores variedades. Tenemos viñas a una altitud que supera a veces los 700 metros, con pendientes muy pronunciadas que obligan a trabajar casi siempre de forma manual como hací­an nuestros antepasados. En la mayor parte del viñedo no es posible el uso de maquinaria grande y eso hace que nuestro trabajo sea mucho mayor y más prolongado que en otras Denominaciones de las llamadas grandes, que son, en la mayor parte de los casos más jóvenes que la nuestra. Existen todaví­a cepas anteriores a la filoxera con una producción pequeña pero de excelente calidad. Quién puede pensar encontrarse en alguna otra parte de Galicia un racimo de Godello o alguna otra variedad procedente de una cepa sin patrón americano? En Valdeorras, por supuesto.

Esta es la herencia que nos ha quedado. La herencia que algunos valdeorreses han visto y decidieron aceptar. Aquellos que vieron los privilegios de esta zona y por ellos se enfrentaron a las dificultades, los que todaví­a hoy nos enfrentamos a ellas y hemos decidido recoger también en herencia una labor de siglos que no queremos que se extinga con nosotros. Los que estamos dispuestos a demostrar nuestras grandes cualidades y calidades. Los que hemos decidido profesionalizar un sector en el que los valdeorreses sí­ hemos creí­do.
Podrí­a extenderme mucho más porque la historia del vino en la comarca es larga. Me gustarí­a que otros pudieran ver el potencial que nosotros hemos visto. Les invito a que conozcan la labor de cada dí­a. Nosotros no hemos tenido la suerte de muchos en lo que a apoyos y promoción se refiere, pero precisamente por ello cobramos todaví­a más valor, porque todo se debe a la labor de los vitivinicultores de Valdeorras, los de antes y los de ahora, que luchamos cada dí­a por un reconocimiento que, a pesar de nuestra tradición y antigüedad, todaví­a comienza a verse ahora. Más vale tarde que nunca, pero creo que nunca es tarde. Nuestras dificultades al fin se ven recompensadas y nuestros vinos comienzan ya a tener el reconocimiento que se merecen. Los grandes ya valoran nuestros caldos y destacan como grandes variedades ahora y hacia el futuro a nuestra "Mencí­a" y nuestra "Godello". Han comprendido que en Valdeorras se ha hecho mucho y se puede hacer mucho más y todos estamos de acuerdo en que tenemos que darles la razón, aunque sabí­amos que la tení­amos.
Quiero hacer de este artí­culo un pequeño homenaje a todos aquellos antepasados que nos han dejado este pequeño diamante que a otros nos ha tocado pulir.

Quiero recordar a los que como mis abuelos dedicaron a ello su vida teniendo a su vez que recurrir a otras fuentes de ingresos para poder hacer frente a ello, pero no se rindieron en ningún momento. Y también pido un reconocimiento para los que hemos recogido ese testigo.
Dicen que no debemos mezclar los sentimentalismos en los temas propios de una empresa, menos cuando la labor no es sencilla, pero en este caso es casi imposible que olvidemos como los que nos han dejado este legado lo han trabajado llegando a fallecer casi con los pies en el escenario.

Gracias a mis abuelos por permitirme vivir este mundo en í‰ntoma, en O Barco y en Valdeorras.

Arantxa Barros.