Los vinos de Pagos son una categoría de reciente aparición en nuestro país, importando el concepto francés de los Châteaux . El término "pago" viene del latín pagus, pequeña aldea o finca rural. Pero, ¿Qué son entonces los vinos de pago? Pues en principio eso, vinos en los que se garantiza que las uvas provienen exclusivamente de una viña determinada y que, por tanto, recogen las virtudes o los vicios de unas vides, un terruño y un microclima particulares.

 

El término vendría a ser uno más, objeto de las modas de este mundillo, como los de ?vinos de autor? o ?vinos de alta expresión?, si no fuera porque la inminente Ley del Vino prevé fijar esta calificación dentro de una pirámide jerárquica en cuya base se sitúan los vinos de mesa (con la posibilidad de indicación geográfica, antes de pasar a ?vinos de la tierra de??) y, sobre éstos, los vinos de calidad producidos en regiones determinadas que, para nuevas denominaciones, deben esperar al menos cinco años de prueba antes de poder catalogarse como ?denominaciones de origen?.

La cúspide de la pirámide quedaría finalmente reservada para las ?denominaciones de origen calificadas? (hasta ahora sólo Rioja y Priorato), y para esta nueva categoría de vinos de pago, que adquirirá carácter oficial, en cuanto se resuelvan los fuertes conflictos de intereses que están en juego para su regulación.

El problema que aquí se plantea es quién y cómo definirá qué pagos van a poder etiquetar sus botellas con éste término que, lógicamente, deberá reservarse para vinos de calidad excepcional, si se quiere que esta calificación adquiera un valor de prestigio en el abigarrado mercado (nacional e internacional) en que compiten nuestros vinos. La pugna está servida, no sólo entre los propios viticultores candidatos, sino entre éstos y las denominaciones de origen ya establecidas, que ven este invento como una vía por la que pueden encontrarse desbordadas, tanto por bodegas hoy fuera del sistema, como por otras que deserten de su actual disciplina.

Para nuevas marcas con ambiciones punteras el nuevo sistema supone un claro atajo. En lugar de basar la denominación de calidad en una asociación de bodegas que definen límites geográficos y normas para la elaboración de los vinos, se podrá ahora reconocer directamente la excelencia de un solo vino y, operando a la inversa y sin más trabas, otorgar la denominación a su terruño de origen. Fin del ?café para todos?.

Como el que no corre vuela, la Consejería de Agricultura de Castilla-La Mancha, consciente
de la importancia del tema para la economía de la región más vitivinícola del mundo, se ha adelantado ya a la futura Ley reconociendo a las dos primeras denominaciones de pago de nuestro país. Se trata de dos nombres bien conocidos en todas las movidas vinícolas españolas: Finca Elez de Manuel Manzaneque, y Dominio de Valdepusa del marqués de Griñón.

En la cola de espera guardan turno otros pagos, como Altos del
Bonillo, Malpica (respectivamente de los mismos dueños), Calzadilla o Dehesa del Carrizal.
Si la nueva Ley no se da prisa, es de esperar que otras comunidades autónomas seguirán pronto el ejemplo, presionadas por los intereses competitivos de las bodegas más activas. De paso, al tiempo que se afina en avalar las calidades de los vinos, está en juego el sacarlos del corralito infame de la legislación sobre drogas y botellones, y el ir creando opinión a favor de su consideración progresiva como productos alimenticios, saludables, culturales y de distinción. Consejo, pues, para bebedores: ojo a los vinos de pago.

Nuevo instrumento comercial, terreno abonado para esnobismos posmodernos, pero también una información más para enriquecer el gusto de conocer mejor lo que bebemos.