Andalucía está cambiando enológicamente. A los clásicos de Jerez y Manzanillas se unen blancos afrutados de Condado de Huelva, la emergente Sierras de Málaga o dulces PX de Montilla Moriles que encandilan al mundo.

 

En un entorno de tradición histórica para la vid, que se remonta probablemente a las colonizaciones fenicias, la cultura del vino andaluz se ha modernizado más allá des sistema de criaderas y soleras que gestan la maravillosa expresión del fino. Los enólogos y buscadores de nuevas fronteras del viñedo han hurgado en este variopinto territorio y de ahí la las nuevas marcas.

En Málaga, Junto al Pedro Ximénez o el Palo Cortao, cotizan al alza el Pasos Largos a cargo del inquieto Ignacio de Miguel en Ronda, en Finca Moncloa, Barranco Oscuro, Colonias de Galeón o Finca .fora. Tintos y blancos, normalmente muy estructurados, y que encuentran espléndidos compañeros de mesa con la cocina más contemporánea. Con iniciativas enoturísticas con el Museo del Vino de Ronda y su Sangre de Ronda.

En Cádiz, apuestas valientes como Taberner nº 1, un vino alejado de cualquier guiño al tópico andaluz, pues se elabora gracias un coupage de Syrah, Merlot y Cabernet. Su seña de identidad es una poderosa estructura y un gran músculo.

En Huelva, blancos afrutados o dulces macerados en mandarina de Condado de Huelva como los de Bodegas Díaz.

Córdoba mora, donde caminar por la Ruta del Vino Montilla Moriles. Licores de calidad como el Anis de Rute y sus diversos museos dedicados a su historia.

Granada atrae proyectos en altura buscando el aire limpio del Mulhacén, que pronto sorprenderán al mundo.

Y es que la tipología de terrenos, la riqueza en varietales, el sol y el amor por lo auténtico auguran un gran futuro enológico a esta tierra.

Que nosotros lo bebamos...