Por Rocío Orbea. En las regiones tradicionalmente vinícolas esto no es problema, puesto que de padres a hijos se hereda la historia del vino; los nietos recuerdan a los abuelos pisando la uva en la plaza, almacenar el vino en pellejos confeccionados con cuero de cabrito...

En muchos patios de las casas de campo hay reliquias como prensas de viga, ánforas o embotelladoras manuales que son cotizadas como auténticas piezas de museo.

En cambio, en las ciudades no se ha vivido esta tradición y el arraigo de las personas hacia la cultura del vino es menor, sobre todo, en la franja de 23 a 35 años, jóvenes que empiezan a introducirse en el mercado laboral y que no han tenido contacto anterior con el mundo del vino. Los hay que sienten cierta quietud por aprender y conocer más a fondo la elaboración, crianza y conservación del mismo y los hay que lo siguen viendo como una bebida de difícil paladar que acompaña a las comidas.

En hilo con lo anterior, hay ciudades que están desarrollando una serie de actividades para fomentar la cultura y el consumo de vino entre sus habitantes, jóvenes y no tan jóvenes, con ganas de conocer más sobre el líquido que llena su copa.

En Madrid ocurrió esto hace un par de semanas, una prestigiosa enoteca madrileña realizó una iniciativa muy interesante, trasladar la fiesta de la vendimia al centro urbano de la ciudad.
Ahí se encontraban los pisadores estrujando las uvas en las tinas, acompañados de música como se realizaba antiguamente para animarles en tal ardua tarea. Las luces, focos y alfombra roja que vestían la calle daban un toque de glamour al evento y a lo largo de la misma, una docena de bodegas ofrecían gratuitamente sus mejores vinos a todo el que se acercaba hasta allí.

Hombres y mujeres, jóvenes y adultos disfrutaban de una tarde de sábado con una buena copa de vino en su mano. Crianza, maceración carbónica, reserva, gran reserva dejaron de ser términos desconocidos para ellos y se convirtieron en temas de coloquio para su próxima reunión de amigos.

Fue una forma de acercar la tradición vitícola al corazón de Madrid, con el objetivo de atraer la atención del personal hacía una bebida legendaria y muchas veces olvidada o apartada a contextos muy particulares y poco accesibles. Ojalá se fueran los asistentes con la sensación de haber descubierto o redescubierto un nuevo mundo alrededor del vino y con ganas de adentrarse en profundidad en el mismo.

Hasta la próxima.
Rocío Orbea

marketiza@lugardelvino.com