Por Carlos Martín. La experta opinión de equipos de investigación multidisciplinares, pertenecientes a colectivos médicos, nutricionistas y dietéticos, sobre los efectos del consumo moderado de vino, es mucho más loada y favorable que la establecida hace algunas décadas, valorándose su importancia como, uno de los pilares básicos de la conocida DIETA MEDITERRANEA.

 

Son ya conocidos los beneficios del consumo de vino y bebidas alcohólicas. En primer lugar, cabe citar el efecto cardio-protector del vino tinto, que ya era conocido desde los años treinta. También se cita el efecto digestivo, aunque no esté bien fundamentado y su efecto antioxidante, del que existen abundantes referencias. Recientes  investigaciones revelan que el vino además tiene propiedades anti-cancerí­genas,  así­ como efectos positivos sobre afecciones pulmonares y óseas.

CRISIS EN EL CONSUMO DE VINO

Los datos disponibles de consumo de vino indican que en España el consumo medio es de 69 mL/persona·dí­a (Instituto Nacional de Estadí­stica) de manera aproximada,  mientras que el indicado por la Organización para la Agricultura y la Alimentación (la FAO) es de 115 mL/persona·dí­a.

El consumo en Francia está actualmente en torno a 200 mL/ persona·dí­a. Por contra, el consumo de cerveza en España se sitúa en torno a 170 mL/ persona·dí­a y en Francia en torno a los 100. La distribución del consumo de vino en España ha variado desde los años sesenta a los noventa tendiendo a homogeneizarse, pues mientras en la década de los sesenta habí­a regiones de España como La Rioja con un consumo superior a los 300 mL/persona· dí­a, y varias comunidades autónomas (Castilla-León, Aragón y Cataluña) situadas entre 200 y 250 mL/persona·dí­a, en la actualidad las regiones de mayor consumo se encuentran en el rango 150-200 mL/persona· dí­a. Es decir, en España se tiende a un consumo de vino más moderado pero también más homogéneo.

A pesar de la disminución global del consumo de vino, a favor a otros bebidas  tales como los refrescos, cerveza, etc...,  se debe destacar una recuperación importante de los v.c.p.r.d vinos de calidad producidos en región determinada( tales como los vinos bajo denominación de origen). Asimismo se observa un consumo mucho mayor en los hombres que en las mujeres, y si se habla de dieta mediterránea, sobre todo en la España tradicional, el vino no formaba parte de la dieta mediterránea en las mujeres.

En cuanto a la relación entre el consumo de vino y de los diferentes nutrientes, se puede decir que el bebedor habitual de vino, especialmente el hombre, consume más calorí­as, algo más de lí­pidos y algo más de proteí­nas.

En cuanto a los alimentos en particular, cabe destacar que el bebedor de vino ingiere menos leche y productos lácteos, pero compensa el aporte de proteí­nas con otras fuentes (pescado, carne y pollo). Se acepta generalmente que el consumo moderado de alcohol reduce la enfermedad coronaria y cerebro-vascular en torno al 30 %,y las enfermedades crónicas en personas de edad media y mayores.

RAíCES CULTURALES

La dieta mediterránea no es sólo una cuestión geográfica, sino cultural, que implica un estilo de vida, además de un patrón alimentario, ligado a nuestras raí­ces desde la antigüedad.

La dieta mediterránea posee tres elementos históricos que son el trigo, la vid y el olivo, además de ser una alimentación variada que nutre el cuerpo y el espí­ritu. No se trata de una dieta pura, sino que es como sus habitantes, mestiza, variable y adaptable a la presencia de alimentos incorporados con el tiempo, como el tomate.

El vino, bebido con moderación, forma parte de la dieta mediterránea y junto con el aceite de oliva, las frutas y las hortalizas es clave en sus efectos beneficiosos.

CARLOS MARTíN LOBERA

ENOLOGO@LUGARDELVINO.COM