El vino suele acompañar a los alimentos tanto en la cocina como en la mesa. De hecho es frecuente encontramos en todas las técnicas de cocina al vino como aromatizante en los adobos y maceraciones. Interviene también como líquido de un escalfado o braseado perfumado, en especial para el pescado, crustáceos, carnes y aves, sobre todo de caza. Si se agrega un poco de vino a los jugos caramelizados depositados en el fondo de una sartén o cazuela donde se ha salteado una pieza, obtenemos sin duda una salsa mucho más realzada en aromas, proceso que en cocina recibe el nombre de desglasado. Muchos son los vinos que pueden servir para desglasar un plato. Los vinos tintos se utilizan generalmente para buey, cordero o piezas de caza. Los blancos para preparar salsas claras y perfectas para el cerdo y la ternera o el pescado.

Para los postres, especialmente con los que llevan frutas, se suelen utilizar vinos y licores de todo tipo, dulces o aguardientes neutros o destilados de frutas. También los refrescantes sorbetes, las mousses, las cremas semiheladas pueden incorporar todo tipo de alcoholes. Los bizcochos y tortadas bañados con almíbares aromatizados con vinos y licores y ¡cómo no! que os puedo decir de unos "panellets" acompañados de un "vi ranci", o de unos "carquinyolis" con moscatell, una garnacha, o cualquier jerez dulce o abocado!.

Quiero recomendar que para cualquier elaboración conviene elegir un vino adecuado en sus características y además en su calidad. Un vino mediocre o pasable en el paladar siempre no pasará de allí, y sus resultados siempre serán mediocres, pensar que durante una cocción lo que queda son sus matices, el alcohol la mayoría de veces se evapora.

Alrededor del vino celebramos nuestras alegrías y mitigamos nuestras tristezas. Y alrededor del vino también nace una cultura, la cultura del buen vivir.