El vinicultor portugués João Santos abre con orgullo un Reserva Assemblage, una de sus botellas favoritas, y explica cada detalle de la producción de sus viñedos, mientras saborea un plato de bacalao preparado por su esposa. Una escena nada de anormal si se tratara de Portugal, pero el hecho ocurre en un pequeño municipio del nordeste brasileño, en donde hacen 40 grados a la hora de la cena.

 

Criado entre vinos de guarda en la región viní­cola lusa de Douro, Santos llegó a Petrolina hace cuatro años con el objetivo de fundar Vinibrasil, una viña capaz de producir buen vino en un paí­s sin tradición ni fama en esas artes. Más difí­cil aún, los vinos brasileños que habí­an obtenido algún reconocimiento eran producidos en el más templado Sur y no en el caluroso Norte, donde está Petrolina.

El asunto no es menor. La norteña localidad queda cerca del paralelo 8 Sur, muy distante de las regiones señaladas como propicias para la actividad, entre los paralelos 30 y 50 latitud Norte, y entre los 28 y 42 grados latitud Sur.

Santos siente que la misión que se planteó está alcanzándose. Y los expertos internacionales parecen darle la razón. "La famosa comentarista de vino, Jancis Robinson, fue la primera experta que creyó en nuestro proyecto", dice al mencionar los elogios de la famosa columnista de Financial Times, quien en sus comentarios ha calificado los trabajos de Vinibrasil como "modernos y fascinantes".

Pero la inglesa no ha sido la única que ha aplaudido el trabajo de Santos. La primera cosecha "€”con la marca Rio Sol"€” llegó al mercado en 2003, y se quedó con la medalla de bronce en los World Wine Awards, organizados por la publicación inglesa Decanter. El Rio Sol también obtuvo 83 puntos de la estadounidense Wine Spectator, un sobresaliente puntaje.

Vinibrasil surgió de un joint venture (coinversión) entre el grupo portugués Dí£o Sul y la importadora brasileña Expand. Dí£o Sul se sumó al proyecto con la misión de aportar el conocimiento y la tecnologí­a para lograr el milagro de producir vino de buena calidad, donde nadie más lo habí­a logrado. Y parecen haber sido los socios correctos.

La viña portuguesa habí­a sido fundada en 1990 con el objetivo de producir buenos vinos en la región de Dí£o, asociada en Portugal a vinos de menor calidad. Pero en 14 años lograron la proeza de consolidar la marca y de paso a la región completa.

"Era un sueño desarrollar un vino como este, en una región pobre, en una latitud en la que era imposible. Para nosotros serí­a mucho más fácil quedarnos en Portugal o tal vez ir a Chile", dice Santos. "Pero si hacemos vinos buenos aquí­, otras empresas se van a instalar y van a desarrollar toda la industria del vino, del corcho, de las botellas", indica.

Así­, el sueño de Santos y de los socios de Dí£o Sul se encontró con el de Otávio Piva de Albuquerque, de la distribuidora brasileña Expand, que anhelaba hacer un buen vino en su paí­s. "Nosotros tení­amos el sueño de un vino brasileño", dice Piva.

Pero además de entusiasmo, el proyecto necesitó de una fuerte inversión, que bordeó los US$12 millones, y que demandó la compra del terreno de 200 hectáreas "€”que debe ampliarse a 500 antes del 2010"€”, maquinarias, tecnologí­a y la contratación de 200 trabajadores. Todo con el objetivo de lograr una producción de 10 millones de botellas al año, la mayorí­a destinadas a la exportación a Portugal, Italia, Francia y España. Esto, porque el consumo de vino en Brasil es de dos litros por persona al año y en Europa 60 litros.

300 DíAS DE SOL

Pero no todo era un sueño imposible en Petrolina. El secreto de la región está en la buena irrigación de su tierra, que siempre ha sido fértil, pero que no se desarrollaba porque el clima es semiárido. Por eso, hace más de 30 años el gobierno brasileño realizó inversiones en agua, que ayudaron a convertir la región en una de las principales productoras de fruta del paí­s, entre ellas la uva.

Con 300 dí­as al año de sol, tierra fértil y el agua que faltaba, el antes desértico Valle de Sí£o Francisco se convirtió en una región altamente productiva de uva.

"Mientras en Europa tenemos una vendimia al año, aquí­ tenemos 25", dice Santos, mientras explica que administran su tierra de tal forma que logran una suerte de cosecha continua, donde siempre hay una área en condiciones de celebrar una vendimia.

Para demostrar el espectacular fenómeno, la hacienda reservó un espacio llamado Cuatro Estaciones, donde es posible ver las diferentes fases de plantación de uva, controladas por el agua y por la poda.

Otra ventaja es que por las caracterí­sticas de clima y de terreno, es posible cultivar uvas de diversas procedencias, como cabernet sauvignon, merlot, syrah y castas portuguesas como touriga nacional, tinta roriz y alicante bouschet, cuyos vinos pasan seis meses en barriles de roble francés.

La experiencia ha llamado la atención de los expertos. La Universidad de Lisboa prepara una cátedra sobre Rio Sol y cada tres meses Petrolina recibe dos investigadores, que desean ver con sus propios ojos la hazaña. Además, la innovación tecnológica ya le valió a la viní­cola el premio Innovación Tecnológica en la categorí­a Proceso, de Finep, entidad brasileña que financia proyectos de investigación cientí­fica y tecnológica.

"Cada dí­a debemos tener vinos mejores y estoy seguro de que tendremos cosechas fabulosas", dice Santos, sudoroso bajo el calor de 40 grados, entre las uvas y las palmeras de su hacienda