Lo sufrimos con frecuencia. El maldito Lambrusco barato de hipermercado encanta a mucha gente y no recordamos las veces que hemos explicado que eso es como el vino con gaseosa: vino, gas y azúcar. No es bueno ni malo por si solo, pero es lo que es, un combinado. A ver si con estas líneas te traemos algo de luz y culturilla que te permita tratar cada cosa por lo que es. Los vinos espumosos naturales generan gas de modo natural debido a la transformación de azúcar en alcohol en una segunda fermentación. En cambio, los gasificados han sido manipulados con carbónico a posteriori. El modo más fácil de distinguirlos es su precio, aunque hay otras señales que nos permiten diferenciar.

1.- La botella: los vinos espumosos suelen tener una botella de mayor grosor para soportar la presión que ejerce el gas natural, superior al artificial.

2.- El corcho: los vinos espumosos suelen usar corchos con cabeza y cuerpo, cilíndricos y son insertados a presión en la botella. La mayoría de los gasificados usan tapón de rosca (no todos, algunos buscan pasar gato por liebre).

3.- Burbujas: la cantidad de burbujas, su tamaño, donde se concentran al subir a la superficie de la copa son factores a considerar. En los espumosos suele ser en el centro, de burbuja fina, prolongada en el tiempo y abundante.

4.- Etiqueta: tanto champagne como el cava refleja en la parte superior y en la etiqueta su denominación de origen.

5.- Precio: Es muy difícil encontrar un espumoso (digno de tal mención) por menos de 6 euros si bien se encuentran vinos gasificados por poco más de 1 euro.

Salud!