El vino en el mundo árabe vive su nueva edad de oro con una producción y un volumen de negocios en pleno crecimiento y una mejora constante de su calidad, pese a la oposición de los sectores islamistas. "Hay tres factores propicios al consumo de vino: el dinero, la democracia y la paz.

 

Incluso si los países árabes no los reúnen todos, las condiciones están haciéndose tímidamente favorables en esa región", declara el enólogo francés, Denis Dubourdieu.

Tras un largo eclipse a causa de nacionalizaciones o guerras, la industria vinícola está en plena expansión actualmente en Marruecos, Túnez, Argelia, Egipto, Líbano, Jordania y, muy pronto, también en Siria.

Esos países dedican actualmente 80.000 hectáreas al cultivo de viñedos que producen 1,3 millones de hectolitros de vino, es decir, 146 millones de botellas.

Con un volumen de negocios de 340 millones de dólares (230 millones de euros) y cerca de 50.000 empleos directos e indirectos, ese sector vive una época dorada.

En siete años, Egipto ha duplicado su producción, hasta alcanzar los actuales 8,5 millones de botellas, tres cuartos de las cuales las consumen los turistas.

En Siria, la nacionalización de los años 60 hizo perder pie al vino pero, recientemente, el empresario Johnny Saadé ha empezado a cultivar un gran viñedo en Latakia que empezará a producir dentro de dos años.

En Líbano, los 15 años de guerra civil retrasaron el florecimiento del sector vinícola pero actualmente el país cuenta con 18 viñedos frente a los tres existentes en 1990.

"Dado lo estrecho de nuestro territorio, los productores han apuntado a la calidad y nuestros vinos ganan actualmente medallas en los concursos internacionales", asegura Charles Ghostine, presidente de Ksara, una marca que festeja sus 150 años.

La elección fue buena: con siete millones de botellas, el volumen de negocios fue de 27 millones de dólares en 2007 y esa cifra progresa un 10% al año, gracias a la exportación del 40% de la producción.

La guerra fue también la traba de la industria vinícola de Jordania. Pero tras la ocupación israelí de Cisjordania en 1967, dos compañías pertenecientes a cristianos se lanzaron a las viñas.

Además, los 2.000 hectolitros de 'Eagle' y 'Zumot' encontraron una salida inesperada en los años 90 en el mercado iraquí, que lograba así burlar el embargo internacional.

Actualmente, el 'Saint Georges' hace furor en las monarquías del Golfo, donde el vino está prohibido.

En los países del Magreb, la descolonización y la prohibición de la antigua Comunidad Europea de aguar el vino a finales de los años 50 infligió una herida mortal a Argelia, otrora cuarto productor mundial con 18 millones de hectolitros.

Actualmente, la región argelina de Oranais, la tunecina de Nabeul y la marroquí de Meknes producen la mayor parte de los vinos árabes, con 1,3 millones de hectolitros y unas 15 denominaciones de origen controladas de las que un 20% se exportan a Europa.

Pero esta edad de oro del vino no satisface a los sectores islamistas árabes.

En Marruecos los diputados fundamentalistas han sugerido tasar duramente las bebidas alcohólicas, mientras que en Egipto es ya habitual la propuesta anual que los Hermanos Musulmanes hacen para prohibir el vino... por ahora siempre en vano.