A la entrada de la bodega Rey Fernando de Castilla, en la calle Jardinillo, aparece una pequeña fuente anclada sobre la pared con un león, parecido al de Correos, que vomita agua fría en una mañana del mes de febrero. Lástima que en vez de desembuchar líquido elemento no hiciera lo propio con el Palo Cortado Antique, un jerez generoso en todos los sentidos, que ha pasado de la bota a la botella exento del proceso de clarificación. A principios de 2000 adquirió la nueva propiedad de la firma este casco de bodega, antes del almacenista Bustamante, que ha sido remodelado en su globalidad pero respetando la idiosincrasia arquitectónica del lugar. En esa misma entrada, al frente, una campana cuyo uso actual se desconoce y un naranjo a la espera de parir el azahar de la primavera en Jerez.
Andrés Soto, de verbo fácil y trato aún más cordial, explica que en el año 1999, tras realizarse la prueba del Carbono 14, los expertos certificaron que la vejez del vinagre reserva de la firma ya alcanzaba los 17 años. Se trata de las soleras adquiridas al anterior propietario de la empresa, Fernando Andrada, que hace del brandy de Jerez su principal motivo de negocio en el mercado nacional y las diversas plazas internacionales. El vinagre reserva del castellano monarca alcanza los ocho grados de concentración acética y se envasa en una estilizada botella de cuarto de litro. Siguiendo su política de productos exclusivos, la firma pone a la venta únicamente 5.000 botellas al año, todas ellas numeradas. En breve, explica Soto, el condimento tendrá la consideración de gran reserva conforme al nuevo reglamento dispuesto por el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Jerez, Manzanilla de Sanlúcar y Vinagre de Jerez. Del producto y apartado de los vinos, Rey Fernando de Castilla da cobijo a 32 botas de 500 litros cada una, las existencias totales de la firma. Además del mercado español, donde la exquisitez puede adquirirse en las tiendas Gourmet de El Corte Inglés y otros establecimientos delicatessen del más alto nivel, Italia, Estados Unidos, Francia, los países escandinavos y las tiendas duty free son sus principales referentes comerciales. La botella de 25 cl. cuesta en España 13,25 euros y, así las cosas, casi con toda seguridad estamos ante el vinagre de Jerez más caro del mundo. Y mejor no decir cual es su precio en Estados Unidos.

Detalla Andrés Soto que la bodega, en el transcurso de este mismo año pondrá en la calle un vinagre de Jerez al Pedro Ximénez, atendiendo a las nuevos gustos y exigencias de los consumidores. «Las expectativas de negocio en torno al vinagre son altas. Desde que está detrás el Consejo Regulador prima la calidad y estamos ante un producto con un gran potencial y mayor proyección. No podemos olvidar que ha ello ha contribuido la presencia de los vinagres de Jerez en las cocinas más prestigiosas, caso de la francesa, aunque también es cierto el auge de la española en los últimos años. Nosotros, por ejemplo, estamos en los fogones de El Bulli o Can Roca, por citar un par de restaurantes». El próximo mes de abril, el vinagre más caro estará un año más presente en la muestra Gourmet, que se celebra en la Casa de Campo de Madrid. Allí, la firma del rey tiene un stand propio donde atender a clientes amigos. Con motivo de esta cita y para hacernos una idea de la riqueza del vinagre, Soto narra que «cuando sé que no voy a comer como corresponde porque tengo que atender a las personas que visitan nuestro stand, conforme se acerca la hora del almuerzo dispongo un poco de este vinagre en una copa de jerez. Lo tomo poco a poco y, una vez que he terminado, percibo la sensación de haber tomado una ensalada con todos sus avíos». A la salida, la fuente del león sigue empeñada en escupir agua. Lástima que tampoco se decidiera a vomitar vinagre aunque, bien pensado, tampoco es cosa de dejarlo escapar porque sí.