La vid es un cultivo que no tiene sustituto. Al menos eso discuten los expertos en políticas agrícolas a raíz de la puesta en marcha de la política de arranque de viñedos como una medida eficaz para combatir los excedentes de vino que tenemos en Europa y especialmente en España. Si consideramos la posibilidad de una diversificación agrícola que no sea vitícola, es necesario tener en cuenta que esos cultivos alternativos deben poder adaptarse a suelos con fuertes pendientes, difícilmente laborables, de aporte de agua reducido y escasas o nulas condiciones para aplicar el riego.

 

Asimismo, debe considerarse que existen numerosas diferencias estructurales e institucionales entre el sistema de producción vití­cola y los demás sistemas de producción. No se trata de dejar tierras libres de viña para plantar algo diferente, pues sólo un número reducido de explotaciones reúne verdaderamente las condiciones necesarias para establecer otro cultivo.

De todos son conocidas las aptitudes naturales de la vid para adaptarse al medio y su resistencia ante la falta de agua. í‰ste se ha visto seriamente deteriorado en los últimos años, siendo preciso preservarlo. Hacia este punto se dirigen las nuevas tendencias de las polí­ticas agrí­colas. ˊ

Así­, la actual Polí­tica Agrí­cola Común centra sus objetivos en los criterios de conservación del medio ambiente y en criterios de extensificación que imponen una reducción de los rendimientos por hectárea.

Algo es claro, sin demanda, un exceso de oferta perjudica a todos, aunque quizás la solución no esté por el lado de la oferta.

Nuevos mercados, calidad, innovación y tecnologí­a pueden hacernos salir fortalecidos de la crisis que sufre el sector.