Comprar vino cuando viajas es complicado. A las limitaciones aduaneras hemos de añadir el suplicio de los riesgos de transportar un envase frágil entre pertenencias valiosas. Ya se sabe, vino y equipos electrónicos o ropa maridan mal cuando hay roturas imprevistas. Así que, para ayudar en la travesía, este artículo puede resultar de utilidad. Cinco opciones ...

1. La primera solución es simplemente envolver las botellas con plástico de burbujas. Esta técnica ofrece mucha mayor protección que los calcetines y pantalones de mezclilla y además tiene la ventaja de ser barato.

 

2. El WineSkin (tres por 15 dólares) es una funda reutilizable con forma de botella, hecha de plástico de burbujas, bastante eficaz. Puedes conseguirlo a través de ULine.

3. La JetBag (tres por 17 dólares) es más o menos parecida, pero cuenta con acojinamiento absorbente, supongo que para esos momentos cuando los maleteros deciden que es hora de arrojar tu maleta bajo las ruedas de un camión que se aproxima, solo por diversión. 

4. Para una protección contra golpes más eficiente, la VinniBag (28 dólares) es una bolsa de plástico resistente con cámaras inflables. Es sumamente efectiva para que no se rompan las botellas. Puedes patearlas como si fueran un balón y no sufrirán daños. (En caso de que a alguien se le ocurra patear botellas de vino). Sin embargo, hay que tomar en consideración que ocupa más espacio en tu equipaje. Está disponible en Europa, Estados Unidos y Canadá.

5. Finalmente, si necesitas mantener a salvo muchas botellas, la  Wine Check (70 dólares) es la opción. Es una caja de embalaje para vinos hecha de poliestireno esencialmente indestructible, con capacidad para 12 botellas, contenida en una funda acolchada con cierres y con ruedas. Es práctica, resistente, aprobada totalmente por la FAA (Administración Federal de Aviación de Estados Unidos) y de hecho luce bastante bien.

Basado en un artículo de CNN.com