La uva, en un alto porcentaje, es agua. Es innegable el efecto de la luna sobre cuerpos que contienen agua, como también lo es la temperatura con la que realiza la vendimia.  La vendimia nocturna se está expandiendo por todo el mundo, tras demostrarse que la calidad de un vino se puede ver favorecida con esta práctica. Antiguamente, cuando los métodos analíticos solo estaban al alcance de unos pocos, las fases de la luna y la astronomía solían ser muy útiles para nuestros antecesores pues las cosechas se basaban en estos principios, al igual que la vendimia, entre otras tantas cosas.

Aún hoy hay algunas pocas bodegas familiares que mantienen sistemas de elaboración basados en antiguas teorí­as heredadas de sus antepasados, haciendo que las fases lunares, marquen el ritmo de los trabajos en la viña y dentro de la bodega.

La teorí­a biodinámica del cultivo de la vid es una práctica basada en la experiencia de cientos o de miles de años de actividad agrí­cola humana y que algunos sectores considera trasnochada e incluso cercana a la magia y la brujerí­a.


Todo comienza en horas donde el sol no puede hacer justicia y la planta permanece "dormida", los trabajadores se preparan para empezar a vendimiar -como si de vampiros se tratase-, comenzando con la puesta del sol y finalizando su jornada con el amanecer, dividido en dos turnos (de las 9 de la noche hasta las 3 de la madrugada y desde las tres hasta las nueve de la mañana).

Se han comprobado las virtudes de realizar la vendimia a estas horas. Por un lado el rendimiento de los trabajadores, por otro la propia planta, atenuando la oxidación de la uva, la baja temperatura evitará la fermentación antes de lo controlado por La Bodega, aumentando la calidad de la uva y preservando los aromas.