Un centenar de singulares vasijas (cántaros de Burgos, Soria o Cuenca; jarras de vino y sidra de Zamora, Segovia o Gijón; tinajillas de Toledo; vinagreras de Valladolid o Castellón; barril de cuadrilla de Salamanca; cadufa de Mallorca; o pichela de Huesca), en su mayoría relacionadas con medidas de vino, y un número pequeño de piezas vinculadas al mundo de la sidra, permanecen expuestas hasta el día 25 de abril en el Centro Municipal de Arte y Exposiciones (CMAE) de El Arbolón. Pertenecen al equipo Adobe, grupo de investigadores y coleccionistas de alfarería tradicional española con sede en Madrid, que en las últimas décadas ha inventariado y catalogado más de cinco mil piezas. A Avilés llegan de la mano del Ayuntamiento de la ciudad y se presentan dentro del marco de las quintas jornadas de alfarería.

Un recorrido por esta exposición monográfica de alfarería tradicional de España permite contemplar piezas tan significativas como una medida de vino de 1868, de Pampliega (Burgos), valorada en 300.000 euros, según ha señalado el alfarero Ricardo Fernández, comisario de la muestra. Sobre tan preciada pieza figura una inscripción dedicada a su destinatario y el símbolo del Ave María, «muy utilizado en las zonas de vino y que consta de un rectángulo con aspa dentro de otro rectángulo. Hace referencia a las bodas de Caná en las que Jesús convirtió el agua en vino de gran calidad y se plasman para favorecer la conservación del producto, explica Fernández.

 

Las medidas de vino expuestas presentan en el cuello o labio una ventana que adopta diferentes figuras geométricas y que servía para determinar la cantidad de vino que admitía la vasija. Pueden ser cántara, cuartilla, azumbre, cuartillo o arroba, nombres que definen las diferentes medidas de capacidad de las vasijas, de formas y apariencias distintas según su procedencia.

 

En la muestra también se pueden apreciar piezas reparadas, ya que las agrietadas no se tiraban. El lañador era la persona encargada de su restauración. Ricardo Fernández describe así el trabajo que realizaban: «Con un berbiquí se hace un agujero a cada lado de la grieta y mediante un alambre acerado se grapa e introduce a lo largo de la grieta. Posteriormente, para impermeabilizarla se aplica una mezcla a base de sangre de matadero y cal».

 

El área expositiva dedicada en el CMAE a la sidra es notablemente más reducida que la centrada en el vino «ya que no existe mucha alfarería en torno a ella», destaca el alfarero. Junto a unas botellas sopladas -invento relativamente reciente, apunta el comisario-, unos vasos cuyo aspecto dista mucho de los actuales y corchadores se exponen jarras y vasos de alfarería hechos en Somió, Gijón. «Antiguamente no se escanciaba la sidra, se vertía en la jarra y se bebía, bien directamente de ésta o a través del vaso», comenta Fernández, alfarero y estudioso de este arte que aspira a ver algún día cómo las más de 2.000 piezas de alfarería tradicional asturiana, «todas documentadas y actualmente en colecciones privadas», pasan a formar parte de un centro de interpretación que ayude a preservar una actividad propia al tiempo que sirve como reclamo turístico para los visitantes.

 

Desde el sábado y hasta el lunes se celebrará en la plaza de Domingo Álvarez Acebal la IV Feria de Alfarería Tradicional, dentro de la programación de las fiestas de El Bollo, con la participación de 14 alfareros. Se realiza de forma paralela a la exposicióin del CMAE.

Fuente: lne.es