El grupo vitivinícola Pago del Vicario, con bodegas acogidas a las indicaciones geográficas Vinos Tierra de Castilla, San Clemente-Cacabelos y Fondón, ha sido la primera firma en acogerse a los servicios antifraude que ofrece el CentroTécnico Operativo del Vino (CTOV) en España.

 

Según dio a conocer hoy en nota de prensa el consejero delegado del grupo, Ignacio Barco, con esta medida se quiere salvaguardar el prestigio de la marca y ofrecer un producto más seguro y con elementos más dinámicos de mercadotecnia.

El Centro Técnico Operativo del Vino (CTOV), es una empresa impulsada por la compañía multinacional suiza SICPA, que está dedicada a la protección de los billetes de banco en los cinco continentes, los documentos de valor y los productos de consumo de la falsificación, duplicación y adulteración.

El proyecto que desarrolla en España tiene como finalidad proteger el producto del vino ante posibles fraudes o manipulaciones, así como mejorar su trazabilidad e incorporar nuevas técnicas de mercadotecnia.

El grupo vitivinícola Pago del Vicario, que comercializa más de medio millón de botellas anuales entre las bodegas que tiene en Ciudad Real y El Bierzo y a las que se unirá en breve una nueva en Almería, ha decidido adoptar este sistema de seguridad para aplicarlo en todas su producción.

De esta forma, el grupo apuesta por la seguridad y autentificación de sus productos de cara a evitar posibles fraudes o falsificaciones.

La empresa vitivinícolas considera que con esta medida defenderá la originalidad de sus productos y pondrá barreras a las falsificaciones que le pueden acarrear perjuicios económicos y, sobre todo, de imagen.

El CTOV incorpora a las tradicionales medidas de seguridad, experimentadas con éxito en otros sectores, un certificado de análisis sensorial complementado con un análisis físico-químico de las características del vino que se pueden identificar y servir de prueba (ciertos compuestos metálicos que son inmutables).

Ese análisis lleva un número registrado en la etiqueta de seguridad, un código encriptado y secuencial que ligado con el código de barras de la contraetiqueta, permitirá al público acceder a la información y características del vino, que queda activado en el momento en el que el vino es embotellado.

En el sello podrá apreciarse a simple vista una imagen de óptica variable similar a las que utilizan los billetes de banco para su identificación.

El CTOV, en definitiva, ofrece a productores y consumidores los instrumentos necesarios para conseguir que cada vino sea un producto único e irrepetible.

EFE.