Tanto ajetreo de avión la había dejado jareada. Lo de vivir en una isla tiene esto, dijo con voz vidriosa a su compañera de viaje, vestida también de rigurosa etiqueta. Le bastó menear los atributos de su Denominación de Origen para ocupar un lugar privilegiado en la mesa y, aún ensimismada, sintió cómo una mano se deslizaba por su talle y unos dedos le acariciaban el cuello. Antes de perder la cabeza y deslizar sus lágrimas por la copa escuchó una voz que repetía: "Canariguain, canariguain".Sergio L. Twitter: @sergioloj