Los alimentos forman parte del patrimonio cultural de los pueblos. El turismo por su parte se brinda como una fuente inestimable de posicionamiento comercial. Las rutas alimentarías son el formato que se propone para esa creación de valor.

 

La Facultad de Agronomía de Buenos Aires aquilata una importante experiencia en la temática. Trabajo como el que invitamos a leer en el que se cuestiona por estrecha la visión tradicional de la gastronomía acotada a la cocina, se revisa la experiencia internacional y se proponen estrategias y cursos como el que se desarrollará el próximo mes de octubre sobre ?Diseño y organización de rutas alimentarias y de turismo del vino? otorgan a la FAUBA</personname /> liderazgo en la temática.

 

Todo alimento tiene significado social, emocional y simbólico. Es un complejo mix de calidad, herencia y naturaleza; es un producto de la historia. Su valor se incrementa con la autenticidad y la singularidad que representa, es decir con su carácter menos globalizado.

 

La visión turística predominante sobre la gastronomía es estrecha. Se asocia con excesiva frecuencia sólo a la cocina y a los restaurantes. Ese universo ?gastronómico? es dominado por los cocineros; pero el alimento nace de la tierra, fruto del trabajo de los agricultores. En ese sentido es junto a las fibras el principal producto de la ruralidad.

 

El alimento forma parte del patrimonio de los pueblos y cuando se integra a la oferta turística enaltece al destino. Cuando ello ocurre se verifica que esa integración también acrecienta el valor del alimento mismo porque el territorio, con su paisaje y su cultura le provee su identidad.

 

Promovemos que la observación de los alimentos atienda a su contenido esencial, que es simbólico. A su representación, que puede ser épica, paisajística, cultural, histórica e incluso deportiva.

 

Promovemos una visión que superadora de aquella, mezquina por lo parcial, que los tiene por meros satisfactores primarios. Nuestro objetivo es desarrollar productos turísticos, pero fundamentalmente aportar al negocio global de los alimentos. El turismo se convierte en la fuente para el desarrollo de marcas colectivas y distintivos de calidad referenciados en el origen que pueden valorizar a los alimentos más emblemáticos del Uruguay y de América Latina.

 

A nuestro juicio el Estado moderno debe tomar la iniciativa y aportar a la creación de valor social. La espontaneidad tiene tiempos morosos y el subdesarrollo sólo se supera acelerando los tiempos.

 

Hemos revisado la experiencia internacional tanto sus casos positivos más emblemáticos como algunas paradojas.

 

La industria de la alimentación de Francia exporta a casi todo el mundo basada en la fama de su gastronomía, así como la española y la italiana, sin embargo el gran prestigio de la cocina mexicana que se ubica entre las cuatro más afamadas del mundo, no ha servido para posicionar a la industria alimenticia mexicana, por ese motivo no dudamos que la estrategia de desarrollar Rutas Alimentarias puede constituir para México un instrumento de gran valor para su industria de alimentos y especialmente para su campesinado.

 

Las rutas alimentarias son valiosas para todas las regiones que cuentan con alimentos de calidad especialmente si tienen valor identitario.

 

En el artículo Rutas Alimentarias. Estrategias culturales de desarrollo territorial el Ing, Agr. Ernesto Barrera explora las diversas aristas que presenta la temática sin dejar de sugerir caminos de acción para los países de la región.