En una amplia región de Europa Central, entre Eslovaquia y Ucrania, se produce un vino especial muy poco conocido en nuestro país. Se caracteriza por ser el primero elaborado a partir de las uvas atacadas por un hongo llamado botrytis. Las guerras contra los turcos en el siglo XVI provocaron el retraso de las vendimias hasta finales de octubre, lo que favoreció la aparición de la botrytis. El hongo penetra en la uva, secándola y concentrando los azúcares.

 

Durante casi todo el siglo XX, estos cepajes parecieron condenados al olvido, primero con la caída del Imperio Austro-húngaro en 1918 y después, con la llegada del comunismo en 1949. Los fabulosos viñedos de Tokay fueron estatizados, perdiendo parte de su identidad y calidad.

Pero su renacimiento se dio en 1995, cuando se creó la Unión des Grands Crus de Tokay, bautizada como Tokay Reinassance, integrada por bodegas de prestigio mundial como Oremus, Dizsnoko, Hetszolo, Royal Tokay o Ch"teau Pajzos. El objetivo: elaborar y rescatar el auténtico y legendario vino de Tokay.

El resultado son vinos nobles, de gran calidad y reputación. De las cuatro variedades que se cultivan mayoritariamente en Tokay, cerca del 70% de los viñedos son de la variedad Furmint, de maduración tardía y piel delgada, muy susceptible a ser atacada por la botrytis. Otro 25% es la Harslevelu, muy rica en azúcar y aromas. El resto es Zeta y Muscat, según cuenta el periodista Alberto Coronado.

En la Argentina, la distribuidora Dulmes importa dos variedades de este excelente vino: el Tokaji Furmint Seco Mandolas y el Tokaji Szamorodnas, ambos originarios de Hungría.