Desde Hungría llega Tokaji. Un vino blanco que se elabora desde el siglo XVII en la región vinícola de Tokaj. 5.246 hectáreas de superficie cultivable a orillas del río Tisza.

 

Unas 100 hectáreas de esta región quedaron, tras los tratados de paz posteriores a la Primera Guerra Mundial, en territorio de la hoy Eslovaquia, lo que ha llegado a ser una fuente de conflictos debido a la calidad diferente de los vinos del país vecino.


La característica más importante de este vino es que se produce de uvas que fueron atacadas por la llamada "botritis cinérea", una podredumbre noble. Los granos son seleccionados a mano y el carácter del vino depende de la cantidad de granos atacados por esta enfermedad de la vid mezclados con los sanos.

Del jugo que sale del fruto, sin intervención alguna, o sea, lo que se exprime por el propio peso de la uva recogida en enormes contenedores. El vino húngaro puede conservar sus cualidades olfativas y de degustación hasta un siglo, gracias a la forma especial de las botellas, siempre y cuando sea guardado a una temperatura constante de poco más de 10 grados.


La mayoría de los consumidores bebe el Tokaji como aperitivo o acompañando comidas dulces.

"Un foie gras (paté de hígado de pato) húngaro, con una copa de Tokaji es una pareja perfecta", tras agregar que también se empareja de una forma excepcional con el jamón serrano español.