Hace tiempo que venía oyendo hablar del libro The Wines of Chile. Lo último que supe fue que su autor, el joven wine writer británico Peter Richards, andaba en la recién pasada London Wine Fair, con el pecho inflado, conversando con sus viejos amigos de las viñas chilenas.

 

 

Y no era para menos. El libro, editado en inglés por la casa británica Mitchell Beazley a finales del 2006, finalmente llegó a Chile este mes, gracias a su distribuidora en Chile, EOS (de Origo Ediciones). Llegó con sus 345 páginas de contenido serio (muy serio pero ameno, como me acotó entonces Margaret Snook, editorial de vinos de Origo). Y para más orgullo de su autor, llegó con esas envidiables tapas duras que sólo en los mercados gigantescos como U.K. y EE.UU., están dispuestos a pagar. La mala noticia ha sido su precio ($48.000) en tiendas de El Mundo del Vino.


La primera pregunta entonces que debiera hacerse cualquiera, antes de pagar lo que cuesta, es por qué Richards fue el elegido para hablarle al resto del mundo sobre nuestros vinos. Para quienes no lo saben, Peter se introdujo en el mundo del vino gracias a nuestro paí­s. Era el año 1999, y aquí­ lo esperaba su primer trabajo como periodista, carrera en la querí­a incursionar luego de estudiar en Oxford Español y Francés. Sus dotes para la escritura pronto llamaron la atención de su jefe "según cuenta su CV- por lo que pronto se convirtió en editor de una publicación santiaguina para gringos. Su primer trabajo como traductor, en busca de unos pesitos extra, recuerda Richards, fue el Compendio Minero de Chile, un trabajo monótono y tedioso sin duda, pero que lo llevó a hacer otras pequeñas cosas después sobre vinos. Lo que incluí­a entusiastas visitas a bodegas y viñedos y el pago con botellas llenas. Fue así­ como se le despertó a él y a su aventurero jefe, el interés por publicar una guí­a turí­stica para visitar bodegas de vinos chilenos.


Efectivamente, fue gracias a las visitas a más de 100 bodegas en menos de seis meses, como Peter aprendió a catar vinos y a entenderlos. La guí­a nunca se publicó pero el joven británico regresó a casa convencido de que querí­a seguir escribiendo sobre este tema. Richards consiguió trabajo en Justerini&Brooks, una tradicional tienda de vinos en Londres, y estuvo allí­ por dos años. Mientras cataba por primera vez grandes vinos del mundo, completamente diferentes a los que habí­a probado en Chile, su nuevo jefe le permití­a escribir algunas cosillas; gracias a una de ellas ganó la competencia de jóvenes wine writers de Inglaterra y entró de lleno en el mundo de los escritores free-lance.


Para el año 2004, cuando colaboraba ya para varias revistas como Decanter, diarios locales, y se hací­a cara conocida en la TV , Peter escribió su primer libro, "Wineries with style" (Viñas con estilo), de la mano de la casa editorial Mitchell Beazley, la misma que hace tres años le ofreció escribir un libro sobre los vinos de Chile, para su colección "Classic Wine Library".


Richards, aclara que para ser fiel al formato de esta clásica serie de Mitchell Beazley (formada por tí­tulos como "The Wines of Burgundy, of Bordeaux, of Canada, of Germany, of Greece, of Napa, of Douro, of Rioja y of Spain) no le dejaron poner más de diez mapas de Chile, ni fotos. Por eso mismo, en su reemplazo, debió poner mucho cuidado en describir con palabras cada escena de la cual estaba hablando. "Yo les pedí­a poner mapas y fotos para mostrar la diversidad de Chile y ellos me decí­an, pero qué diferencias puede haber en Chile, de qué nos estás hablando. Ese desconocimiento para mi era la mejor muestra de que Chile ha cambiado dramáticamente estos últimos diez años, y que lo ha hecho tan rápido que no le ha dado tiempo al mundo de darse cuenta de ello. Hablar de esa revolución es lo quise hacer en este libro y sigo pesando que éste era el mejor momento para hacerlo", arguye Richards.


Otro aspecto importante en el momento de desarrollar el libro, acota su autor, fue la necesidad de dar su opinión personal sobre lo que está pasando, y sobre cada bodega reseñada en particular. Richards, me explica que los chilenos tienden a sobre reaccionar ante las opiniones de los wine writers extranjeros, por lo que debí­a tener mucho cuidado en exponer con propiedad lo querí­a decir. "Tal vez por eso no todos van a estar contentos, pero debí­a hacerlo así­. Además, debí­a aclararle al lector que yo era alguien que conocí­a a Chile, su cultura, su gente porque viví­ allí­", explica Richards. Y así­ es, el joven escritor describe nuestro contexto histórico-social, nuestros viñedos, enologí­a y cepas, en una serie de capí­tulos cuyo corazón " como el mismo describe- es una detallada descripción de nuestros valles vitiviní­colas, uno por uno, junto con la selección de más de 120 bodegas. Todo ello con la precisión de datos duros y concretos. Datos que colorea con sus propias experiencias y conversaciones con enólogos, viticultores y dueños de bodegas; los protagonistas más entusiastas de esta revolución vitiviní­cola. Para finalmente redondear todo el conjunto con la tonalidad personal, que le dan sus pintorescas vivencias en Chile, sus opiniones, sugerencias y/o reflexiones.


Siguiendo el objetivo de la colección, "The Wines of Chile" es en efecto un trabajo serio que recopila por encargo, como nunca antes se haya hecho en un solo libro, todo lo que alguien con al menos dos años en la industria del vino chileno, ya deberí­a saber; siempre que ese alguien, sea preocupado de mantenerse informado obviamente, y eso incluye el leer nuestro planeta con regularidad. Además, encontrará la novedad de esas primicias que los locales sólo gustan dar a los periodistas extranjeros. Por todo ello es el libro ideal para los nuevos en llegar a la industria, los viejos desactualizados, o los que quieren saber de qué se trata todo esto, aunque no tengan pensado poner un pie, al menos por ahora, en Chile. A su vez, el libro es para el consumidor bien informado, apasionado, busquilla, ese que también por supuesto lee regularmente el planeta y hasta comparte opiniones en su foro.


Peter me dice que también es para los consumidores novatos, y que pensando en ellos fue que incluyó un didáctico glosario de términos al final del libro. Pero yo en este punto serí­a muy cauta; no se lo recomendarí­a a cualquier amigo que visite nuestro paí­s para motivarlo a saber más sobre el vino chileno. Lo veo más bien como un libro serio, fácil de leer, y ameno, pero para quien está familiarizado con sus términos, con lugares comunes o con la industria del vino. Excluyo especialmente, entonces, a quienes deban recurrir al glosario en cada párrafo, mientras lee las páginas centradas en nuestra enologí­a y viticultura.


Peter ya no estuvo en Chile para lanzar este valioso trabajo (me refiero con valioso ahora, a la investigación y recopilación municiona de datos) pero si vendrá pronto, en noviembre. Esta vez, nos cuenta ya más relajado y en receso literario, vendrá a ver los nuevos proyectos en zonas extremas de viñas como Concha y Toro, Miguel Torres, Errázuriz; proyectos de los que tanto ha oí­do hablar, y de los que incluso hace referencia en su libro; esos que aunque no han dado aún ni sus primeras cosechas, lo tienen más emocionado que nunca con el vino chileno.