¿Puede vivir una cepa sin podar? Hay quien piensa que si, incluso mejor que podada. Se habla indistintamente de poda mínima (minimal pruning) y de no poda (zero pruning) porque la técnica consiste en cortar los extremos de la vegetación cuando se aproximan él suelo, abriéndose hacia la calle, para facilitar las operaciones de cultivo.

 

 

Es una intervénción tan mí­nima que se puede calificar de "no poda"€™ ya que no afecta más que a una pequeña proporción de la vegetación (Martí­nez de Toda y Sancha, 1998).


Conclusiones
La poda mí­nima incrementa, de forma significativa:
* La producción de uva.

* La producción de azúcar.

* La producción de materia seca siendo menor su efecto sobre la disminución del contenido en sólidos solubles.

Esta superioridad de la poda mí­nima se explica por la mayor superficie foliar que desarrolla en comparación con la poda manual. Estos resultados son especialmente importantes en nuestro modelo de viticultura de baja producción, con limitaciones para el desarrollo de una superficie foliar importante.

La poda mí­nima produce un 92 % más de azúcar y un 40 % más de materia seca que el tratamiento de poda manual. El porcentaje de la materia seca total contenida en los racimos en forma de azúcar es del 41 % para el tratamiento de poda mí­nima y del 30 % para el tratamiento de poda manual.


Las producciones anuales son más heterogéneas en el tratamiento de poda mí­nima
- Al ser mayor el número de yemas se limita menos la capacidad de la cepa para aprovechar la condiciones del medio.

- La poda manual limita esa capacidad de la cepa y los resultados son más homogéneos en los diferentes años.

- La poda mí­nima incrementa la capacidad de la cepa, tanto para crecimiento como para producción.

- La poda mí­nima es una opción viable para reducir los costes de producción con pequeños efectos sobre la calidad de la uva.