CARLOS MARTÍN. Es de todos bien sabido que la tempranillo es la variedad tinta por excelencia de España, no solo cuantitativamente en hectáreas de viñedo sino por sus ampliamente reconocidos vinos de calidad. Una gran característica de los vinos españoles es su extensa variedad, no solo en general por los distintos tipos de microclimas o el efecto sobre la uva de los heterogéneos tipos de suelos sobre los que se cultiva, o más aún sobre el llamado efecto "terroir" suma de los dos factores anteriormente citados y que dotan a nuestros vinos de gran personalidad, sino que la paleta de posibilidades se ve aún mas ampliada en una misma variedad o mezclando varias en la elaboración.

El cultivar Tempranillo está sobradamente adaptada a casi todo la geografía española y aunque según la zona, la sinonimia es muy diversa: Cencibel(Aragón), Ull del Llebre(Cataluña), Tinta del país o Tinta Riojana (La Rioja) ,Tinta Fina (Ribera del Duero), Tinta de Toro (Toro) aunque en esta última hay quien duda su relación de identidad genética, la verdad es que genéticamente se trata de la misma variedad, pero que por su adaptación y expresión fenotípica nos da una morfología y características diversas. Es por ello por lo que esta variedad demuestra toda su tenacidad, potencial y calidad a lo largo y ancho de nuestro país.


Como rasgos generales la Tempranillo es una variedad que proporciona vinos equilibrados para elaborar tanto tintos y rosados jóvenes donde predominan las notas de frutas rojas y negras , como en tintos de crianza de larga guarda, donde el poder polifenólico se expresa con rotundidad.

En una cata de tintos monovarietales de Tempranillo que tuve el honor de compartir con Andreas Larsson , nombrado mejor Sumiller Europeo del 2004 y Robert Black afamado periodista norteamericano, pudimos comprobar como se manifestaba esta misma variedad en distintos vinos; entre los cuales en un Tempranillo joven denotamos aromas golosos que recordaban una mermelada de frutas del bosque, especialmente destacando la frambuesa, la fresa o la mora, mientras que a medida que la cata continuaba con caldos criados en madera de roble, los matices tornaban a frutos negros como el cassis, el arándano o las endrinas licorizadas, todo ello perfectamente ensamblado con los aromas de la madera, tostados y especiados. Larsson bautizó a nuestra querida Tempranillo como la ?variedad de múltiples caras?, donde no dejaba de asombrarse con cada nuevo vino que cataba elaborado con dicha variedad.

En un mercado en el que cada vez las variedades foráneas están invadiendo y monopolizando el sector a nivel mundial, los vinos españoles brillan y marcan su personalidad con luz propia capitaneados en gran medida por nuestro Tempranillo.

CARLOS MARTÍN
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