Cuando la crisis ahoga, las pertenencias salen por la puerta.

Con frecuencia, nuestros usuarios solicitan la opinión de nuestro enólogo para valorar algunas botellas que han encontrado en su trastero. Generalmente no saben muy bien la antigüedad y procedencia pero aseguran que están en perfectas condiciones.

Varios son los factores que influyen en esta coincidencia masiva de salida a la venta:

  • El primero es la situación económica adversa, que obliga a muchas familias a buscar apoyos financieros en los detalles más insospechados.
  • El segundo factor es la frase "El vino mejora con los años" que aplicada de forma genérica hace pensar a los poseedores de botellas viejas que tienen algo valioso. Esta frase no sólo no es generalizable sino que es falsa siempre que las condiciones de conservación no sean constantemente y durante toda la vida de la botella las idóneas en cuanto a humedad (60-70%), temperatura (12-16 ºC) y ausencia de luz excesiva. Incluso en estas condiciones perfectas, nadie puede asegurar que una botella cerrada hace varios años contenga vino de caracterí­sticas superiores al que introdujo el elaborador.
  • Hay un tercer factor, ya que una marca u origen famoso hace al poseedor de la botella creerse afortunado por poseer un "valor seguro" garantí­a de que la evolución en el tiempo ha sido positiva e incluso esta etiqueta conocida aumentará su precio y los compradores se rendirán a su sonoro nombre.

Si pensamos un poco, todos tenemos botellas en algún rincón de nuestra casa, procedentes de cestas de navidad que nunca gastamos, de regalos que no se consumieron en su momento o de compras compulsivas que se quedaron arrinconadas. Son estas botellas a las que me refiero y que si en su momento ya eran de un dudoso valor, me imagino que no hay milagro de la naturaleza enológica capaz de haber convertido estos vinos en piezas de museo o de colección.

Desde luego algunas de estas botellas pueden tener, para algún coleccionista, algún valor como amuleto o fetiche, igual que si alguien tiene un sobre de sopa que caducaba en 1980, puede tener un valor sentimental porque coincide con tu año de nacimiento y tal vez pujes por él si tiene todaví­a buen aspecto, pero jamás te lo comprarí­as para invitar a tus amigos a una Cena...

Existen empresas de tasación, aunque sus servicios no son baratos por razones obvias. Las casas de subastas también se suman al negocio, generando volúmenes de negocio que comienzan a aproximarse en muchos casos a las joyas o el arte. Sin embargo, esta parcela está reservada a grandes vinos, que normalmente no se encuentran en nuestros hogares, como tampoco solemos tener un Sorolla en el trastero.

Nuestro consejo para valorar un vino es claro:

1) Hablar con la bodega que lo produce para consultar la producción de esa añada y un valor aproximado.

2) Usar foros de opinión para sondear el interés por las referencias.

3) En caso de no disponer de información, usar redes de subastas online como ebay.

4) Si el vino no supera los 60 euros, intentar degustarlo (la ruleta rusa de la apertura puede darle grandes alegrí­as o ayudarlo a aprender los defectos de un vino).

5) Si tiene un valor sentimental (añada de un nacimiento, un regalo especial) y el beneficio no es representativo para la economí­a familiar, no lo venda. Un recuerdo no tiene precio.

6) Si aún así­, documenta que su vino puede tener un valor destacable, póngase en manos de profesionales. El vecino suele saber mucho de barbacoas, no tanto de estos asuntos.

Muchas Suerte!

Artí­culo Original de Juan Manuel Montalvo es Experto en Vinos.