Por Jaime Sanz. Poco a poco los vinos del mercado español se van viendo seducidos por el tapón de rosca. Pese a que vivimos en un país que a duras penas admite los cambios, los consumidores que empiezan a beber vino no piensan lo mismo. Sin duda, la principal ventaja del tapón de rosca es la comodidad a la hora de abrir una botella: un simple giro de muñeca y ya estamos disfrutando de nuestra bebida favorita. 

Si triunfa este sistema, el sacacorchos tendría sus días contados. Sin embargo, muchos se preguntan hasta dónde son capaces de envejecer los vinos en los que se ha utilizado este sistema. La estimación suele estar entre uno y cinco años, aunque hemos de recordar que Grange, el vino más caro y emblemático de Australia, fue embotellado con rosca en su añada de 2002... para salir al mercado en el año 2020.

El problema principal parece radicar en la idea que tiene sobre este sistema el consumidor, que lo asocia a los vinos mediocres, pero, por ejemplo, ¿son los generosos (fino, amontillado...), en los que es habitual este sistema, vinos vulgares? Para nosotros están entre los mejores del mundo.

Aunque aún el mercado nacional es bastante reacio a utilizar este sistema, las bodegas que exportan a otros países tienen la obligación de poner tapón de rosca para ser más competitivas. Y es que los datos hablan por sí solos: en Reino Unido se venden más de 100 millones de botellas con rosca al año. En Nueva Zelanda, el 90% de los vinos usa este sistema y países con más tradición, como Francia e Italia, tampoco se quedan atrás.

Por esto, algunas bodegas se esfuerzan en acabar con el escepticismo en este tema, a veces con resultados sorprendentes. Por ejemplo, en una cata ciega en la bodega de Marqués de Riscal en Rueda en la que estuvimos presentes, se cataba un verdejo con tapón de corcho para el mercado nacional frente a otro con tapón de rosca para exportación. La botella ganadora fue la de tapón de rosca. Su vino era más aromático, brillante y limpio que el de la botella que usaba corcho.

No obstante, en el último año han saltado todas las alarmas, pues un estudio ha revelado que un pequeño porcentaje de botellas con tapón de rosca presentan un ligero olor a sulfuro, que puede recordar a la goma quemada o los huevos podridos. Este aroma, evidentemente desagradable, debería desaparecer al agitar enérgicamente la copa. Si alguna vez le ocurre esto, no dude en devolver la botella.