Los descendientes de Guillermo Tell gustan del buen vino y lo consumen generosamente. Esto explica que el 98% de su producción se venda en casa. Insuficientemente conocidos en el extranjero, los caldos suizos comienzan, sin embargo, a despertar el interés de otros mercados porque recuperan viejas técnicas y uvas en vías de extinción. Si bien la población helvética suma exclusivamente 7,5 millones de habitantes, Suiza es el octavo importador de vinos más importante del mundo.

Consume 41 botellas por persona al año, que se traduce en un mercado de 310 millones de botellas anuales.

Sus cinco principales proveedores son, en orden de importancia, Italia, Francia, España, Estados Unidos y Portugal, responsables de abastecer dos tercios de la demanda. El tercio restante, no obstante, corre a cargo "de la casa", de una industria vitivinícola que se maneja a partir de un bajo perfil, pero que desde hace tres décadas trabaja minuciosamente en experimentar cepas olvidadas y la innovación de técnicas. Un esfuerzo que se refleja ya en las estadísticas nacionales y que no es indiferente a los enólogos internacionales.

Tradición romana: Celtas o romanos, el origen de los primeros vinos suizos no es del todo claro. De acuerdo con la investigación "Historia de la Viña y del Vino de Valais", coordinada por la directora del Museo de la Viña y el Vino de Valais, Anne-Dominique Zufferey, en territorio suizo existen vestigios de polen de viñedos que datan de 600 años antes de la ocupación romana, por lo que su origen podría ser celta. Sin embargo, e independientemente de ello, una cantidad importante de viñas fue sembrada durante el siglo III d.C., y desde entonces y hasta la década de los años 70, la industria vitivinícola suiza se mantuvo como una actividad más bien discreta. En gran medida debido a que el 98% de su producción se destina a abastecer al mercado interno. Sin embargo, durante las últimas tres décadas inició un intenso proceso de innovación a partir de cepas como la arinarnoa, bondola, cornalin, humagne rouge o heida, que comienzan a rendir fruto. Regiones como Ginebra, por ejemplo, se han convertido en el terruño de las especialidades, con una docena de vinos producidos siempre en pequeñas cantidades, pero a partir de meticulosas y perfeccionistas propuestas para hacer vinos distintos a los que fabrican los vecinos franceses, españoles o italianos, que son sus principales competidores.

Detrás de la frontera: Para ubicar a Suiza en la estadística internacional del vino hay que referir que de los 310 millones de botellas que consume al año, poco más de 200 millones vienen del extranjero. Y de este último grupo, nueve de cada 10 vinos llegan de la Unión Europea (UE). Los vinos italianos son los mejor posicionados, con 75 millones de botellas (entre blanco y tinto), que representan un 35% de los caldos extranjeros que importa Suiza. Francia ocupa el segundo lugar con 60 millones de botellas anuales, equivalentes al 29% de las importaciones. Curiosamente, aunque el volumen es menor que el italiano, el negocio es mayor porque se trata de vinos más caros. España se ubica en la tercera posición con 38 millones de botellas, equivalentes al 18% de las importaciones. Estados Unidos vende a Suiza 8 millones de botellas de vino al año, que representan un 3,5% de las importaciones. Y de Portugal llegan 6 millones de botellas, equivalentes al 2,8% de las importaciones. Todo según cifras al 2007 de Comtrade, la base de datos estadísticos y de comercio elaborado por las Naciones Unidas.

Vino de la casa: Los vinos "de la casa" ganan importancia y prestigio. Suiza cuenta con alrededor de 12.500 hectáreas de vid y la mayoría de sus cantones producen algo. No obstante, son Vaud, Valais y Ginebra los que más han destacado en la materia de 10 años a la fecha. Por tipo de vino, Vaud es el cantón que más vino blanco produce, con 28 millones de botellas al año, seguido por Valais, con 17 millones de botellas. Y estos dos cantones producen tres cuartas partes de los blancos que produce Suiza (60,2 millones de botellas). Con respecto a los tintos, Valais es el líder nacional con una producción de 32 millones de botellas, comparables con los 11 millones de botellas de Vaud y los 8 millones de botellas de Ginebra (que hacen un total de 51 millones de botellas anuales). Una producción que crece a razón del 3,5% como promedio anual desde hace siete años, lo que por primera vez abre una ventana bien conocida por Suiza, pero poco explorada en materia de vinos: las exportaciones. La exportación de vinos sumó unos 3,5 millones de botellas en 2007, aproximadamente un 30% más que el año previo, según datos de Swisswine, asociación exportadora de vinos helvéticos. Y sus tres mejores clientes son Alemania, Estados Unidos y Japón.