El 'Panteón del Vino' está a punto de desmantelarse. La colección acumulada con mimo durante décadas por la familia Lazcano en los bajos del hotel Los Tamarises, en Getxo, se subastará el 17 de diciembre. 11.000 botellas de los mejores caldos. El número es a ojo de buen cubero, porque el proceso de selección ya está en marcha entre las aproximadamente 14.000 que dormían pacientemente en sus nichos. Hay auténticas joyas de vinoteca que saldrán, de partida, a la décima parte de su coste. Habrá de todo... lo mejor. Desde caldos de Rioja Alta de 1890, a añadas de Marqués de Riscal -las más viejas de los años 20-, a Vega-Sicilia, CVNE Imperial, Viña Tondonia. Días antes se expondrán muchas de ellas en el salón del Hotel Hi-Tech Tamarises de Ereaga, para que puedan analizarlas los potenciales compradores o mirarlas los curiosos. A muchas bodegas ya les han invitado. A nadie se le escapa que hay un filón para los entusiastas de los mejores caldos, porque «es una bodega impresionante. De las más importantes del País Vasco, sobre todo por el contenido que tiene de vino antiguo de Rioja», según Álvaro Juvera, de Subastas Bilbao XXI. Aunque a estos coleccionistas no les gustaba el término 'bodega', porque lo bautizaron 'Panteón del vino'.

Con ese nombre lo fundó Julián Lazcano, el abuelo de la saga, en 1930. Su afición de coleccionista de excelentes caldos se la contagió muy pronto a su hijo Jesús María. Ya en la tercera generación, el hijo de este último -Jesús- reconoce que desembarazarse de esas botellas «tiene una carga sentimental muy fuerte». Se han quedado con algunas añadas de las que su padre era un enamorado confeso. «No podemos llevarnos a casa casi 20.000 botellas, así que hemos escogido algunas, entre ellas también las dedicadas por sus amigos». A esa parte oculta de Los Tamarises sólo entraban los invitados de honor, algunos integrantes de la flor y nata de la aristocracia o algunos famosos como el actor Pierce Brosnan o el humorista Moncho Borrajo. Sentimientos aparte, ahora toca vaciar el 'Panteón del vino' y preparar los caldos antes de que arranquen las pujas. El trabajo es arduo. Lo primero es retirarles parte del polvo acumulado, que es como el vestido de etiqueta de los viejos caldos. Una operación delicada, «porque si les pasas un paño igual te llevas la etiqueta», explica Germán Juvera, el hermano de Álvaro. La mejor parte del trabajo requiere hacer catas para comprobar si avinagra de viejo. Los que están inmersos en la operación afirman que hay muy poco desechable. Parte de las botellas ya están en cajas y saldrán por lotes. Principalmente se distribuirán dentro de los cartones por orden cronológico de añadas y por orden de bodegas productoras. Aunque, como hay tanto donde elegir, también habrá lotes mixtos. Se hará una subasta a la francesa, abierta y presencial, aunque también se podrá pujar 'on line'. Como Internet abre una ventana al mundo, los caldos se expondrán también en la web.