Si hay una época del año en la que hay estar muy atento a la temperatura del vino es durante el verano. El calor hace que en la misma mesa, y a lo largo de la comida, el vino, que al principio se ha servido a una  temperatura adecuada, vaya cogiendo hasta 3 o 4 grados mas, de manera que resulta poco apetecible beberlo. Por ejemplo, un vino tinto servido a temperatura muy baja no permite apreciar bien los aromas ni sabores; el frió solo sirve para ocultar, disfrazar sus defectos. Desconfíen  siempre de ese vino de la casa servido a 8 grados.

 

 

Por lo contrario, un buen vino tinto servido a una temperatura mayor de la adecuada, lo primero que hace, en nazir, es soltar sus elementos mas volatiles, es decir, el alcohol. Con la graduación con la que suelen venir los tintos modernos, de 13,5 º para arriba, la sensación de alcoholazo puede ser hasta desagradable, aparte de lo que implica desequilibrio del vino. En cuanto a la boca, las sensaciones táctiles de un vino caliente cuando hace calor tampoco son nada agradables.

Soluciones varias:
Si se esta en el restaurante, la cubitera con hielos (mas agua que hielos, ya que lo que enfria es el agua y no los cubitos); si se esta en casa, la cubitera tambien, y si es mucho lio, las excursiones a la nevera. El vino debe salir a la mesa al menos con un par de grados menos de temperatura de servicio.

Sobre 6º los blancos, rosados o cavas; y sobre 15 o 16 º los tintos, que ya se iran atemperando. No hay que tener miedo de pedir una cubitera en un restaurante, luego con la cubitera cada uno se administra...

Los blancos, rosados, cavas deben estar en cubitera todo el tiempo. Si se ve que la temperatura baja y empieza a restarle atributos, se les saca otro periodo de tiempo.