La producción vinícola no entiende de fronteras. Y es que un castellonense ha hecho historia al ser el primer ciudadano español que producirá vino en Puerto Rico. Así, Juan Ramón Andreu Solé tras mucha constancia, conseguirá este año hacer realidad el sueño que su padre tuvo hace más de dos décadas: ser el primer agricultor que produce vinos en estas tierras tropicales, según palabras delpionero.

Procedente de Castellón, su padre, Juan, plantó viñas en Puerto Rico hace 25 años, pero unas inundaciones acabaron con un sueño que su hijo hará realidad ahora, tres años después de la muerte del promotor de la idea. Pendiente todavía de los últimos permisos de comercialización y patentes de marca, la finca Costa del Sol, en el sureño municipio de Guánica, sacará al mercado este año el fruto de muchos años de pruebas.


Producto Único

Juan Ramón asegura que sus vinos serán "elegantes", con un color rojo intenso el tinto, "perfecto para acompañar una caldereta de cordero" bromea, y muy aromático el blanco, "ideal para una paella de mariscos o una caldereta tropicalizada".

El hito conseguido por el castellonense no es fruto de la casualidad, debido a que antes de conseguirlo Solé experimentó durante años con diferentes injertos de vides de California y España, con variedades de tempranillo y merlot, "poco a poco", hasta "atemperar" las plantas con el clima tropical.

La ubicación de la finca, junto al Bosque Seco de Guánica, ayuda a que la uva sea de buena calidad, ya que un microclima evita el típico exceso de lluvias de la región. Pese a ello, las abundantes precipitaciones del pasado octubre acabaron con la mitad de la cosecha, aunque se espera "que se puedan obtener entre 5.000 y 10.000 botellas".

En el sueño del castellonense le acompañan media docena de empleados que atienden el viñedo durante el año, mientras trabajan en otros cultivos de temporada como calabazas, papayas, cilantrillo, tomates y melones.

Entre 30 y 40 amigos de la familia se reúnen los fines de semana en la finca para participar de la vendimia, tradición que este año cumple su quinto aniversario, aunque las uvas que se recogían hasta ahora se dedicaban a un vino que se destilaba para obtener un brandy que envejece en unas barricas de roble.