El vino es un ser vivo que evoluciona. Su juventud se traduce a veces en cierta astringencia. Con la edad madura hasta alcanzar su plenitud. Más tarde, si no se consume, llega su vejez con su decadencia. LugarDelVino les muestra de modo práctico como conservar sus vinos en su hogar.

 

 

 

El lugar donde permanece el vino determina que el envejecimiento del mismo sea adecuado.

De entrada, usted debe tener en cuenta diversos factores que dependen a la hora de conservar un vino:

 Su naturaleza: si se trata de un vino blanco, tinto, seco, espumoso etc.

 Su origen: si ésta es septentrional o meridional.

 Su constitución: su contenido en alcohol, taninos, acidez etc. Elementos en los que influyen igualmente la naturaleza del suelo, el tipo de uva del vino y las condiciones climáticas, que varí­an según la añada.

 Su vinificación: cómo ha sido elaborado el vino

 Su almacenamiento.

 

 

¿Cuánto tiempo se puede conservar un vino?

El consumidor, ante un vino, muchas veces se plantea si se trata de un caldo para beber en el momento o ese mismo año, o bien si éste debe envejecer y esperar su momento óptimo para ser degustado.

Y en verdad se encuentra ante una duda compleja. No obstante, existen algunas normas generales que pueden aplicarse a este peculiar dilema. La gran parte de vinos blancos secos y frescos, así­ como los rosados y los tintos ligeros deben beberse jóvenes, es decir, a partir del mes de noviembre que sigue a la vendimia.

Pero, cuidado, existen algunas excepciones en este caso, como los grandes vinos blancos. Los tintos que han pasado por una crianza necesitan, en general, un envejecimiento más largo para alcanzar su plenitud. Este envejecimiento se efectúa en botellas, aunque suele estar precedido por un perí­odo en barrica.

Por otro lado, hay que saber que los champanes y cavas, como los vinos de aguja, no ganan nada en botella, una vez comercializados, y, en cambio, si se los guarda en la bodega mucho tiempo pueden perder todas sus cualidades: aroma, perfume y frescor. El momento más favorable para su consumo será precisamente el de su puesta en el mercado. Los chacolí­s o vinos enverados de baja graduación (entre 8 y 10º) rara vez conservan sus virtudes y cualidades pasado el primer año.

Lo contrario sucede con los vinos generosos y con los vinos dulces licorosos, que tienen una larguí­sima vida, dependiendo de las condiciones de conservación.
En este último capí­tulo de vinos de larga duración entran también las mistelas y los vinos rancios, tanto blancos como tintos, las malvasí­as, los vinos de vendimias tardí­as de Sauternes, Alsacia y Alemania, los Oportos y Madeiras, los Moscateles Mediterráneos, etc. En general, se puede establecer que la duración de un vino será mayor cuanto mayores sean su graduación alcohólica, su acidez y su astringencia, caracterí­stica esta última aportada por los taninos procedentes de la uva y, en los casos de crianza, por la madera de roble. Así­ se explica la mayor duración de los vinos tintos. El tinto envejece muy bien en botella, pero su evolución en el vidrio es más lenta que en la madera.

En la botella, al cabo de un cierto tiempo, el vino cesa de desarrollar su bouquet y se gasta. Cuando ocurre esto, la impresión sedosa o aterciopelada que un buen tinto deja en el paladar se degrada, sus aromas se apagan y el color se vuelve tostado y opaco. Es el punto en el que el vino ha comenzado a deteriorarse y, por lo tanto, ha emprendido el camino hacia su destrucción, hacia su muerte.

En cualquier caso, debemos saber que, siempre y cuando tengamos cuidado de no dejarlo envejecer en exceso, el vino conservado en botella, con el paso del tiempo, irá perdiendo sus aromas primarios de uva y desarrollando sus aromas secundarios y terciarios, hasta volverse más redondo y delicado.


LOS SECRETOS DE UNA BODEGA EN CASA

Para conservar los vinos en óptimas condiciones es importante tener en cuenta diversos factores de su entorno que influyen en su seguridad, calidad y perdurancia:

Temperatura

Es muy importante mantenerlo a una temperatura constante, idónea de 14-16º C , pero sobre todo sin que las fluctuaciones de temperatura sobrepasen los tres grados. Para mantener una temperatura fresca, hay que evitar el paso de conducciones de agua caliente, al igual que los suelos de cemento. Conviene que la bodega esté completamente aislada de la casa, ya que si se trata de un espacio subterráneo continuo a las paredes de la vivienda, el calor exterior penetrará en el subsuelo.

Humedad

Alrededor de un 85%. Son más convenientes los lugares húmedos que los secos, ya que en estos últimos pueden deteriorarse los corchos. Siendo la humedad, también, gran enemigo de las etiquetas.

Olores

El vino es muy exigente y no puede soportar los olores domésticos: aromas de cocina, legumbres, frutas, pintura, butano etc. Oscuridad: algunos catadores detectan en los vinos oxidados un sabor caracterí­sticos que llaman "sabor a luz". En general, basta con la luz eléctrica, siempre que ésta se encienda los minutos necesarios para permanecer dentro de ella.

Vibraciones

Las conmociones dañan al vino. Ha de extremarse el cuidado al arrastrar las cajas, las cuales deben estar bien protegidas con algún tipo de caucho.

Casilleros

Los mejores son los de madera o cemento. No son convenientes los metálicos, ya que son buenos conductores del calor.

LA BODEGA EN EL CHALET

Si se tiene intención de conservar vino, antes de construir el chalet hay que tener en cuenta la ubicación y las condiciones de la bodega.

La orientación, el grosor de los muros, la construcción del suelo, la ventilación, la incompatibilidad vino-despensa, y el aislamiento de ruidos, son factores básicos.

 Orientación: el orden de mejor a peor orientación es la siguiente: Norte, Noreste, Noroeste, Este Oeste, Sureste, Suroeste y Sur.

 Grosor de los muros: las paredes deberán ser blancas y a ser posible de cemento con gravilla a la tirolesa.

 Construcción del suelo: se recomienda las losetas de cerámica porosas, el ladrillo macizo o cualquier material que absorba la humedad. Lo mejor es un suelo de tierra batida o pisada y arena de rí­o.

 Ventilación: si la bodega está situada en una habitación en la planta baja es mejor tapar la ventanas con ladrillo, si la bodega es subterránea es necesario la conexión con el sunt (conducción de ventilación de la casa).

 La bodega no es compatible con la despensa, los olores que despiden los alimentos perturban el reposo de las botellas, entrando los aromas a través del corcho.

 Ruido: toda bodega tiene que estar aislada de ruido


LA BODEGA EN SU PISO O APARTAMENTO
Los pisos ideales para instalar una buena vinoteca son los antiguos (paredes macizas, altos techos, largos pasillos y habitaciones interiores aisladas), en estos pisos el sitio perfecto es una habitación interior con ventana al patio.

Si no disponemos de este tipo de piso otro método práctico es almacenar las botellas en el vestí­bulo en un armario-botellero, en dicho lugar hay que quitar la calefacción para que los vinos no sufran una oxidación prematura

Importancia de la temperatura
La temperatura ideal para conservar el vino es de 10 a 15º C. No obstante, en la actualidad los vinos son elaborados de forma que pueden soportar hasta una temperatura constante de 22º C, aunque en este caso el envejecimiento del caldo se acelera y su ciclo vital disminuye.

LAS BOTELLAS EN LA BODEGA

Elección y número de las botellas

Es aconsejable ordenar la enoteca por zonas viní­colas, ya que cada región tiene un vino caracterí­stico. En cuanto a los vinos singulares o cosechas que ya no se encuentran en el mercado pueden tener su hueco independiente. Si el espacio es muy limitado, pueden situarse las grandes reservas en la hilera inferior del nicho de cada región.
Para que la bodega comience a tener cuerpo, se necesitarán de 100 a 200 botellas. A excepción de las grandes reservas, el buen aficionado deberá tener unas seis botellas de cada marca y tipo. Se puede contar con un 50% de vinos tintos, un 35 % de vinos blancos y un 15% de vinos rosados, ajustándose a una gastronomí­a normal.

La posición de la botella

Las botellas deben conservarse siempre en posición horizontal, de forma que el tapón permanezca humedecido por el vino. Si se conservan en pie, es fácil que el corcho se reseque y mengüe el tamaño, dejando penetrar aire en la botella. í‰se es, sin duda, el primer paso para que las bacterias acéticas puedan alterar el vino provocando la picadura o avinagramiento.
Algunas personas sostienen la falsa teorí­a de que las botellas inclinadas, al poner al vino en contacto con el corcho, pueden desarrollar el desagradable olor mohoso del corcho. Ese accidente también puede ocurrir si el corcho se encuentra en mal estado, manteniendo las botellas en pie. Por el contrario, el moderado contenido alcohólico del vino puede proteger al tapón del ataque de los hongos.