Nueva Zelanda es, junto con Argentina, Australia, Chile y Sudáfrica, uno de los grandes productores de vino del Hemisferio Sur. Actualmente ocupa el puesto 23 en el ranking de los países productores y el 15 en el de los países exportadores. Lo primero que impresiona al mirar sus estadísticas es que su historia vitivinícola es reciente comparada con otros países y, por otra parte, el sustancial crecimiento logrado en los últimos años.

 

La producción del año 2006 fue de 133 millones de litros (vs. 57,3 millones en 1996), y más de un 40% del volumen total se exporta (57,8 millones de litros en el 2006 vs. 11 millones en 1996).

Este crecimiento es el resultado de los esfuerzos de los productores y de la creación de iniciativas organizadas como la Asociación de Productores Vitivinícolas de Nueva Zelanda, encargada de crear una plataforma de Marketing para los vinos del país en el exterior, promover la investigación y el uso de métodos ecológicos y aunar esfuerzos con otras industrias neozelandesas, principalmente la turística.

El clima del país es templado, con una importante influencia marítima. La mayoría de los viñedos se encuentran en las zonas costeras, con lo que de día reciben abundante luz solar, imprescindible para el crecimiento y maduración de las uvas, mientras que de noche la brisa marina refresca los frutos. Existen 10 regiones productoras, 6 de ellas en la isla Norte (Northland, Auckland, Walkato, Gisborne, Hawkes Bay y Wellington) y 4 en la Sur (Nelson, Marlborough, Canterbury y Central Otago). Como el país se extiende de Norte a Sur, los viñedos se encuentran en latitudes muy distintas, en una franja que en el hemisferio norte sería equivalente a la distancia entre Burdeos y el sur de España. En consecuencia, cada una de las regiones muestra tipicidades en cuanto al suelo y microclima, lo que se refleja en las variedades de uva y estilos producidos.

La mayor superficie de cultivo corresponde a las variedades Sauvignon Blanc, Pinot Noir, Chardonnay y Merlot. En el país también se encuentran otras cepas, aunque en mucha menor extensión, como Riesling, Pinot Gris, Cabernet Sauvignon, Syrah, Cabernet Franc e, incluso, unas 150 Has de Malbec.

Sin embargo, más allá de ser la cepa que ocupa la segunda mayor superficie de cultivo, el Sauvignon Blanc es definitivamente el producto insignia de la vitivinicultura neozelandesa, y muchos autores reconocidos han catalogado a los mejores vinos de esta variedad producidos en el país como el ?patrón? contra el cual los demás deben ser comparados.

La cepa fue introducida en el país en la década del 70 y las primeras vides crecieron en un terruño de la región de Auckland. Posteriormente brotes de estas plantas fueron enviados a la región de Marlborough desde 1973, aunque el primer vino que se produjo en cantidades comerciales no apareció hasta 1980. El rápido y resonante éxito conseguido en las competencias locales estimuló la confianza de los productores y la demanda de los consumidores, así como el firme desarrollo de las exportaciones. Tanto así, que a principios de los 90 el Sauvignon Blanc ya se había establecido como la ?cepa insignia?.

Los vinos producidos con este varietal en el país se pueden dividir en dos grandes estilos: el norteño, producido principalmente en el área de Hawkes Bay y más al norte, y el sureño, de las regiones de Wellington y la isla Sur del archipiélago. El estilo del norte tiende a ser más fragante y maduro, con aromas a frutos como melón y durazno, mientras que el del sur es más ligero y picante, con descriptores que se identifican con la fruta de la pasión, las grosellas, la pimienta negra y aromas herbáceos. Como se explicó anteriormente, estas diferencias entre ambas regiones se deben principalmente al clima. De todos ellos, los productos más aclamados provienen de la región de Marlborough, en la isla Sur, donde además se encuentra al menos dos tercios de la superficie total cultivada con el varietal, seguida por las regiones de Hawkes Bay y Gisborne en la isla Norte. La calidad de los caldos de la primera región aparentemente se debe también principalmente a razones climáticas, ya que el relativo poco volumen de lluvia que se produce durante la época de la cosecha ayuda a proteger los frutos, que en esta variedad tienen la piel fina y se agrupan en racimos particularmente densos, del desarrollo de botrytis y otras plagas por hongos.

En cuanto a la vinificación, hay tres estilos principales: fermentación en tanques, maduración en barrica y cortes. La mayoría de los productos se obtienen con el primer método, porque optimiza la frescura y aromas frutales del varietal, mientras que la fermentación y maduración en barricas se usa sólo en algunas regiones del norte y sur para producir estilos más complejos y añadir mayor longevidad al vino. En cuanto a los cortes, no es una técnica muy difundida, pero cuando se realiza, en general es con Semillón, que agrega complejidad, estructura y permanencia en boca.

Si hablamos de las bodegas, hay muchísimos emprendimientos. Probablemente la más conocidas son Cloudy Bay y Te Mata, esta última además es la más antigua del país. Para un listado completo se pueden consultar las páginas www.winesofnz.com o www.nzwine.com.

Por último, si hablamos del maridaje, los vinos de este varietal combinan muy bien con los frutos de mar y pescados blancos, así como con ensaladas (incluso aquellas con un ligero aderezo de vinagre) y salsas a base de tomate. Por otra parte, también es conocida la buena combinación con los quesos de cabra, que aunque nació con los vinos franceses de la región de la Loire, es perfectamente válida en este caso.