Hace poco tiempo era la costumbre - que aun perdura en muchos círculos - de identificar a las distintas regiones vitivinícolas argentinas con un cartel definitorio y definitivo, que los ubicaba en el supuesto ranking de la producción nacional.

 

Así que, al principio, Mendoza era la productora de vinos finos, y San Juan la de vinos comunes, (los de damajuana y botellas de litro). Luego esto se modifico algo. Mendoza paso a ser la cuna del Cabernet Sauvignon y el Chardonnay - a la cual, luego, fue agregado el Malbec - mientras que San Juan, (con algo de atraso), fue descubierto como la cuna del Syrah y Salta la del Torrontés. Las demás regiones se colaban sin identidad ni mayor respeto por parte de el consumidor, a pesar de opiniones disidentes expresados por importadores que nos visitaban, (mayormente europeos), quienes supieron reconocer las bondades del Semillón del Alto Valle y las características propias y distintas de los vinos de La Rioja.

Hoy el consumidor argentino comienza a reconocer que cualquier región del país, si reúne las condiciones básicas, puede producir cualquier tipo de vino deseado. Esto se viene demostrando casi a diario desde ya varios años. Nombres como Viognier, Semillón, Caradoc y Bonarda ahora son casi tan conocidos como Cabernet, Chardonnay, Malbec y Merlot, y lo mas importante a notar aquí es que no definen ya una región especifica sino pueden aparecer tanto en Río Negro, La Pampa, Catamarca, La Rioja o Salta.

Hace algunos pocos días tuve la oportunidad de probar un vino experimental, 100% Bonarda que me impresiono mucho. No, no era producto de una bodega sanjuanina, sino de una bodega salteña. La bodega Etchart piensa que esta varietal - ajena a los viñedos salteños desde siempre - puede gozar de una vida sumamente interesante, proveyéndolo de las condiciones de suelo, altura y sol que esta noble uva requiere para su desarrollo total.

Lo importante de todo esto es que una vez más tenemos el ejemplo de una varietal que rompe los lazos de la tradición popular y sale a conquistar nuevos horizontes. Salta ya tiene, además de su Torrontés y Cabernet tradicionales, grandes éxitos con el Malbec , el Syrah, el Tannat y el Chardonnay y esto, no me cabe ninguna duda, no es todo.

Hoy, más que nunca, no sólo es necesario saber de que bodega procede el vino que uno va a beber, (o comprar), sino de que provincia o zona también. Ya vale poco decir, "este vino es mendocino, o sanjuanino o salteño" sólo porque es un Cabernet, un Syrah o un Torrontés. Un Torrontés que me hizo probar Canale una vez en Río Negro era tan bueno como uno de Cafayate, pero respetable al fin.