El vino, como materia viva, ha ocupado siempre un lugar trascendente dentro de varios rituales tanto religiosos como mágicos. No hay religión o rito que no lo referencie, considere, persiga o glorifique. Egipcios, griegos, romanos, musulmanes o cristianos... Descubre ritos del pasado.

Dentro de la tradición judeo-cristiana es indiscutible el papel preponderante del vino y la enseñanza que resulta de su análisis simbológico, examinemos: elvino nace a partir de la uva, producto vid y que se identifica con la dualidad o el concepto orientalista del Yin-Yang o Sol-Luna a través de la uva roja y de la uva blanca, dualidad primigenia en su valoración de la polaridad masculino-positivo y femenino-negativo.


El vino tinto, rojo y solar viene a ocupar una identificación simbólica con la sangre debido al sincretismo del color, y así en la parte mágica del ritual viene a ocupar el lugar de la sangre derramada por el sacrificio de la victima ya predestinada, que es sustituida por el vino, que a través del proceso alquímico de fermentación, se convierte en la sangre natural que surge del planeta tierra, lo cual lo convierte potencialmente mas valiosa que cualquier sangre animal.


El antiguo pueblo egipcio depositario y guardián de conocimientos universales, al vino le otorgaron un respeto muy especial, llegando a dejar plasmada su importancia como enseñanza simbológica en las cartas del Tarot, por su parte los griegos rendían culto a Dionisios, deidad identificada con la uva, su fermentación y el vino en cuyo derredor existía toda una escuela iniciática sobre los misterios dionisiacos, mientras que los romanos rendían culto a Baco, dios del vino al que se le rendían grandes celebraciones conocidas como festividades báquicas y que en la etapa decadente de este imperio fueron famosas por su desenfreno.


Pueblos celtas, gotónicos y teutones acostumbraban, una vez que regresaban de sus incursiones marítimas guerreras festejaban dicho acontecimiento a través de

banquetes en el cual corría generosamente el vino y también se consideraba que los guerreros fallecidos en batalla eran premiados con el Walhalla, lugar habitado por las bellas y aguerridas valquirias quienes se encargaban de escanciar el vino que se ofrecía a estos sedientos guerrero.


Finalmente recordemos que en el ritual católico de la misa el vino ocupa un lugar preponderante y el valor mágico que se le otorga, cuando este se convierte simbólicamente en la sangre de Cristo, que cuando se suma la ostia, considerada a su vez como el cuerpo de Cristo que al ser blanca y redonda tiene todos los atributos simbólicos de la Luna y así tenemos una conjugación Sol-Luna, balance perfecto de los cuerpos celestes que mayor influencia ejercen sobre nuestro planeta y como lógica consecuencia, sobre el ser humano que participa en el rito.

Basado en un artículo de Enrique Martínez.