Solas, como parte de platillos dulces (postres, jaleas, mermeladas) o salados, o bien combinadas con carnes, pollos y quesos, las uvas inundan el mercado en esta época del año, como parte de una tradición gastronómica.

Violetas, rojas, negras, verdes azuladas, con semilla o sin , además de ser buenas para la salud, son codiciadas en la industria gracias a su versatilidad, pues de su semilla se elaboran cremas, lociones y otros productos de belleza.

Y ni qué hablar del vino: cuando se deja fermentar, la uva se produce esta bebida que ha gozado de gran tradición en todos los pueblos de la antigüedad. Tanto que en la cultura romana y griega existía un dios del vino, Dionisio y Baco, respectivamente.

A nivel nutricional, la uva posee alto contenido de azúcar, glucosa, fructosa, potasio y manganeso.

Aunque en menores cantidades, también contiene calcio, hierro, magnesio, ácido fólico, fibra y vitaminas A, C, B1 y B6. Ocho uvas brindan 30 calorías, 7 gramos de carbohidratos y 6 de fósforo, explica la nutricionista Iris Cotto.

EN LA SALUD

La uva roja o morada posee altos niveles de resveratrol, un antioxidante que se encuentra en su cáscara y como tal, contribuye a eliminar del organismo la oxidación celular, dice Cotto. Es tan beneficiosa esta propiedad que incluso hay suplementos nutricionales a base de éste, añade la especialista.

También posee antocianos, flavonoides y taninos, responsables de su color, aroma y textura. Asimismo, se le utiliza para fines terapéuticos.

Según cita el libro Alimentos y plantas medicinales, editorial Norma, sus propiedades antioxidantes hacen que tengan funciones diuréticas, que funja como descongestionante hepático y favorezca el drenaje orgánico.

Por ello, también se emplea para tratar la anemia, desmineralización, embarazo, artritis, estreñimiento, trastornos digestivos, molestias por la hipertensión y problemas renales.

De hecho, apunta Cotto, los beneficios que se le han atribuido al consumo del vino tinto se debe a las propiedades que emanan de la uva.

En la cocina

Las uvas pasas, que han perdido el 90 por ciento de su agua, son energéticas con un fuerte índice de azúcar (75g por cada 100g), sirven de condimento en la cocina y, en pastelería, su empleo es múltiple, explica la chef Fabiola Guillén.

Su cultivo

La uva es el fruto de la vid (Vitis vinifera), una planta cuya origen se sitúa en Oriente próximo y que se ha extendido en muchas regiones de clima mediterráneo cálido.

Existen más de cien clases; de ellas, pero sólo unas 40 se emplean para elaborar vino y otras 20 para consumirlas directamente.

En Guatemala se cultiva es en las áreas de Teculután y Usumatlán, Zacapa, donde existen entre 20 y 25 hectáreas plantadas, pues el clima que allí impera lo permite, señala el ingeniero Carlos Bonilla, del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación.

Las que se cosechan en el país son las rojas (en su mayoría) y verdes, ambas con semillas. Las que carecen de semilla son fruto de un trabajo de mejoramiento genético y éstas aún no se cultivan en la nación.

Sin embargo, la mayoría de uvas consumidas en el país son importadas de Chile, Perú y Estados Unidos, añade Bonilla.

En todo caso, este es un buen momento para redescubrir esta dulce y pequeña fruta.

Historia

Los egipcios cultivaban las uvas ya por el año 2440 a.C.; hay dibujos de uvas en sus tumbas.

Los fenicios llevaron la uva a Grecia en el 600 a. C., a Italia en el 300 a.C. y hasta el sur de Francia tiempo más tarde.

Así se constituyó junto con el trigo y el aceite de oliva como uno de los tres alimentos míticos de estos países mediterráneos.

El cultivo de la vid se popularizó en la época del Imperio Romano, difundiéndose por toda Europa y &rica. Sin embargo, luego de la caída del Imperio, el cultivo de la uva quedó confinado a monasterios y conventos.

A principios del siglo XVII, los conquistadores trajeron estacas de vid. Con ellos venían evangelizadores que necesitaban vino para celebrar la misa y pasas de uva para los largos viajes que debían afrontar.

En Norteamérica los viñedos no sobrevivieron al clima local y desaparecieron en la costa Este, donde habían sido plantados.

Diferente fue la suerte de esta uva europea introducida por los monjes Franciscanos desde México a la costa Oeste de Norteamérica, especialmente en la zona de California.

Esta fue la situación existente allí hasta la introducción de la variedad Concord en el siglo XIX, que en la actualidad es la más popular por aquellas latitudes.

? Un derivado muy apetecido

Buen vino

Existen dos tipos básicos de uva para elaborar vino, que dan lugar al vino tinto y blanco, respectivamente. El rosado se elabora con la mezcla de ambas.

Cabernet Sauvignon (tinta). Es la uva más famosa del viñedo mundial. Burdeos y concretamente el Médoc le deben su fama y prestigio. Los granos del racimo son apretados, pequeños, esféricos, piel de gran espesor y de color negro azulado.

Merlot (tinta). Una de las ventajas de esta variedad es que se aclimata bien a suelos diversos. La gama de sabores que se pueden encontrar en los vinos elaborados con base en esta cepa son: rosas, pastel de frutas, especias, menta, chocolate, grosella y ciruelas.

Chardonnay (blanca). Es una cepa vigorosa, con hojas de tamaño mediano, rica en azúcar y, por tanto, suficientemente alcohólica.

Chenin Blanc (blanca). La gama de sabores que se pueden encontrar en los vinos elaborados con base en esta cepa son: nueces, mazapán, albaricoque (duraznos), miel y manzanas.

Otras: Pinot Noir (tinta), Riesling (blanca), Sémillon (blanca), Syrah (tinta).