Somos muchos los que tenemos la buena costumbre, a mi entender, de no ir a casa ajena con las manos vacías cuando vamos a comer o cenar. Sin embargo, ante la posibilidad de llevar vino aparecen algunos interrogantes que nos gustaría compartir con vosotros. El vino siempre constituye un buen presente porque, ante todo, es fácil de transportar, transmite alegría y ofrece un amplio repertorio de posibilidades. Muchos pueden creer que, precisamente por esta peculiaridad, la búsqueda corre el riesgo de hacerse larga y aburrida, o, peor aún, generar una innecesaria carga de ansiedad.

No se preocupe. Supongamos que usted no es un experto. En tal caso, diríjase a una tienda especializada y solicite ayuda. Por lo general, estos lugares cuentan con sommeliers o vendedores profesionales, precisamente para que los clientes salgan satisfechos. Los únicos parámetros que debe entregarles son un rango de precio, el propósito del regalo y un par de datos sobre el estilo o gustos del dueño de casa. Con estos datos a la mano, el dependiente seguramente le ayudará a encontrar la elección más acertada.

Si su presupuesto es limitado, debes saber que a igual precio, un vino nacional suele ser de más calidad, ya que la logística y laranceles de importación suelen elevar el precio al consumidor final.

El regalo debe reflejar, de alguna forma, el gusto o preferencias del destinatario. Y si se lleva como aporte a alguna celebración, asegúrese de que encaje con el espíritu o propósito general de la reunión.

Un segundo aspecto a considerar es la temperatura. Si la idea es que se consuma durante el evento, cuide la misma, especialmente en vinos espumosos, blancos o rosados.
Sin embargo la duda siempre queda en el ambiente: ¿Debe el anfitrión abrir la botella recibida o puede guardarla porque ya pensó en el maridaje previamente a recibir nuestro presente? Obviamente no hay regla establecida. En nuestra opinión, si el vino encaja con la comida y viene a la temperatura adecuada, lo ideal es consumirla durante el evento. Si el que regala no tiene esa intención, el acompañarla de un embalaje adecuado invitará a reservarla para el futuro. En todo caso, la decisión es del que recibe el presente y como tal debe respetarse.

Si el calibre del anfitrión así lo exige, el Viejo Mundo a nadie defrauda. Pero aquí se requiere de mayor conocimiento, tanto de parte suya como de quien le asesore. A diferencia de los vinos del Nuevo Mundo, que se conocen por la variedad de uva ?y, quizás, por el nombre de su productor?, los del Viejo Mundo se escogen en función de su punto de origen: Burdeos, Borgoña, Alsacia, Rioja, Ribera del Duero, Priorato, Duero, Toscana, Veneto y una infinidad de otras denominaciones de origen.

Cada lugar es distinto desde el punto de vista del clima y del suelo, amén de las variedades autóctonas utilizadas para su elaboración. Si tiene que dar pistas para reducir el tiempo de selección, opte por Burdeos, Rioja o Toscana, y por un nivel de precio medio o medio alto. Así, nunca se equivocará. Ahora: si el problema no es de plata, váyase por lo mejor del mercado y esté dispuesto a pagar precios por encima del millón de pesos.

Por otro lado, siempre tenga en cuenta que un champán, cava o espumoso sugieren regocijo y celebración y, por esta razón, siempre deleitan. Eso sí, cuídese de los productos de bajo precio, porque están dirigidos a nichos populares. Son de baja complejidad y, en consecuencia, no generan una buena impresión.

Tampoco descarte la posibilidad de llevar un vino de cosecha tardía. Es cierto que se trata de una bebida para el postre, pero, por lo mismo, muestra su nivel de originalidad, porque, por lo general, nadie piensa en ellos. Y ojo: no son vinos excesivamente baratos.

Otro parámetro interesante es optar por vinos informales o inesperados. En el primer caso, considere un Prosseco italiano que, sin ser un espumoso, tiene un porcentaje suficiente de gas carbónico para hacerlo llamativo. En el segundo caso, lleve un vino orgánico, biodinámico, austríaco o alemán, porque así estará saliéndose de lo común.

Sea como fuere, regale vino, la industria lo necesita y el corazón lo agradece. Salud!

Fuente: basado en artículo de Hugo Sabogal - El Espectador.com.