Por Jaime Sanz. ¿Cuántos manuales sobre "cómo entender de vino" se editarán cada año en el mundo? Seguramente, muchísimos. Y es que no falla: en cuanto un tema se pone de moda, proliferan los expertos que consideran su obligación poner sus conocimientos por escrito con el propósito de ganarse una platita exhibiendo esos conocimientos.

Y así proliferan los libros en los que se pretende explicar al público todos los misterios del vino. Hay que decir que, en general, se venden, porque el tema interesa. Pero también hay que decir que entender de vinos lo suficiente como para disfrutarlos con conocimiento de causa es una cosa que no tiene demasiadas complicaciones y sólo requiere un poco de atención.

Desde luego, lo que hay que borrar es esa imagen cinematográfica del ciudadano al que le ponen delante una copa de vino y, muy serio, la mira, la huele, prueba el vino, se pone más serio todavía y afirma: "Ch"teau Margaux de 1985". Eso, en las películas y en la TV, queda muy bien, pero es muy irreal. Lo de jugar a las adivinanzas está muy bien para los niños, pero no en un asunto tan serio como el vino.

No hay más que una manera de saber de vino, que es bebiendo o degustar muchos vinos. Ojo al plural: no es lo mismo "muchos vinos" que "mucho vino". Bebiendo, decimos, muchos vinos... y fijándose un poquito.

Lo primero que tiene que hacer usted ante un vino, una vez que lo ha mirado, lo ha olido y lo ha bebido, es decidir si le gusta o no le gusta. Tan sencillo como eso. En cualquiera de los dos casos, lo que tiene que hacer es tener claro por qué le ha gustado, o por qué no le ha gustado... y acordarse. Por supuesto, usted se interesará por saber qué es lo que ha bebido, quiero decir que se preocupará de conocer la procedencia del vino, su edad y las variedades de uva con las que está elaborado, de modo que si se vuelve a encontrar con ellas pueda reconocerlas. Es más fácil de lo que parece.

Poco a poco, vino a vino, irá usted recordando las características de esas variedades. No se abrume: tampoco es que haya tantas. Mejor dicho, haberlas haylas, pero la mayor parte de los vinos del mundo se elaboran con un pequeño número de variedades de uva. Si es usted capaz de identificar y recordar la cabernet-sauvignon, la merlot, la malbec, la pinot noir y la chardonnay ya tiene bastante para quedar como un sabio ante sus amigos.

Porque, poco a poco, irá ampliando conocimientos e internándose por variedades menos "universales"; pero principio quieren las cosas. Usted recuerde cómo huelen y a qué saben los vinos elaborados con cabernet-sauvignon, que son los que más se va a encontrar por ahí, y habrá puesto la primera piedra del edificio, que será tan grande como usted quiera, de sus conocimientos de vino.

Después de cierta práctica verá cómo el aspecto del vino le contará cosas sobre su edad, cómo su nariz le hablará de su origen, cómo en la boca le contará cosas de su tierra... Usted no tiene más que dejar hablar al vino y "traducir" su lenguaje al de los humanos. Quedará como un auténtico experto, pero es que lo será.

No arruine ese prestigio, una vez conseguido, jugando a las adivinanzas. Tampoco se dedique a puntuar vinos; todavía no me ha explicado nadie, ni siquiera los máximos "gurús" del vino, qué matices hacen que un vino merezca 94 puntos y otro 93. Miren ustedes: el vino está hecho para disfrutarlo. Fundamentalmente, para beberlo, y sobre todo para beberlo comiendo. Se merece ser comentado, más que nada si es para bien. Pero no vale la pena someterlo a un examen para ponerle nota.

Ustedes, a lo suyo: ante un buen vino... disfruten. Lo demás déjenselo a los entendidos pedantes.....

Jaime Sanz

El Mundo del Sumiller