La mayoría de los productores de vino espumante diseminados por el mundo, caen en la tentación de llamar champagne a su vino, aun cuando eso está prohibido, pues se trata de una denominación de origen francesa, delimitada en la geografía y la producción. Felizmente esto está siendo encausado correctamente y ahora cada quien asume lo que hace. Para los españoles es cava, para al resto del mundo sparkling wine. Los italianos son los únicos que utilizan el nombre de la uva para identificar un vino de segunda fermentación en botella,

Prosecco es una uva italiana blanca cultivada en el norte de Italia, en la región de Venecia, y es la base de un espumante característico de allí que se emplea mucho, especialmente como aperitivo, cuyas características predominantes son frescura, aroma, juventud.

Procede de tres zonas de producción del Veneto debidamente controladas. Entre nosotros es injustamente poco conocido, aunque hay varias etiquetas que se están haciendo familiares. Una nueva que acaba de aparecer es el Prosecco di Valdobbiane DOC Santa Margherita.

En su versión brut, es decir, seco, es un agradable vino muy aromático, con aromas de uva madura, manzana, de burbujas finas, medianamente alcohólico, cuerpo ligero lo que hace agradable su consumo, especialmente como aperitivo. Lo que hay que tener claro con estos vinos espumosos, es que tienen su propia personalidad, y si bien se trata de burbujas de gas carbónico, no necesariamente tienen que imitar a los champagnes. Personalmente tengo gran predilección por el prosecco, por su jovialidad y su carácter frutal, donde la uva es el protagonista principal, más allá de las burbujas.

Para comenzar una conversación o una reunión, es una opción atractiva. Cada vino tiene su momento y hay un vino para cada momento. El prosecco se ajusta a muchos de ellos.