Las botellas deben conservarse siempre en posición horizontal, de forma que el tapón permanezca humedecido por el vino. Si se conservan en pie, es fácil que el corcho se reseque y mengüe el tamaño, dejando penetrar aire en la botella.

 

Ése es, sin duda, el primer paso para que las bacterias acéticas puedan alterar el vino provocando la picadura o avinagramiento.

Algunas personas sostienen la falsa teoría de que las botellas inclinadas, al poner al vino en contacto con el corcho, pueden desarrollar el desagradable olor mohoso del corcho.

Ese accidente también puede ocurrir si el corcho se encuentra en mal estado, manteniendo las botellas en pie. Por el contrario, el moderado contenido alcohólico del vino puede proteger al tapón del ataque de los hongos.