Las bebidas alcohólicas (vinos, sidras, cervezas, espirituosos -brandy, whisky, ron, aguardientes, anís, ginebras, licores), que se obtienen todas a partir de materias primas agrícolas, responden a una rica diversidad de tradiciones y procesos de elaboración, pero tienen una cosa en común: el alcohol.

La molécula "alcohol" es idéntica cualquiera que sea la bebida alcohólica. Así, una bebida comercializada con una graduación alcohólica elevada, como muchos espirituosos, no contiene un alcohol más potente o más fuerte que una bebida con menos grados. De hecho, bajo el término "alcohol", hay que entender la cantidad de "etanol" o de "alcohol puro", componente común a todas las bebidas alcohólicas.

El alcohol es una sustancia que forma parte de las bebidas alcohólicas en más o menos cantidad y que produce el emborrachamiento. La molécula a la que generalmente llamamos alcohol es el etanol o alcohol etílico.

El etanol es un estimulante del cerebro que actúa liberando al córtex del control de los inhibidores, produciendo una excitación y euforia en el bebedor en los primeros momentos de su ingestión. Al beber alcohol, sus moléculas consiguen que nuestras neuronas no funcionen de la misma manera que siempre, provocando los efectos que todos conocemos.

Con un pelín más de detalle, el alcohol actúa interaccionando durante la neurotransmisión: las células del cerebro llamadas neuronas funcionan recibiendo la información de otras neuronas. Una neurona activa neuronas en su fase final mediante la liberación de neurotransmisores, que se fijan en las moléculas receptoras de las neuronas.

El alcohol interacciona con el GABA (gamma ? aminobutírico) que tiene una acción inhibidora, consiguiendo hacer a las neuronas menos excitables.

Cuando el alcohol se fija en los receptores del GABA, el neurotransmisor tiene mas dificultad para unirse y las neuronas resultan menos inhibidas.