Algunos piensan que el verter agua en el whisky es un sacrilegio, especialmente en aquellos de calidad. Nada más lejos de la realidad. De hecho debes saber que a la mayorí­a de whiskies con un nivel de alcohol entre 40 y 46 grados ya se les ha añadido un poco de agua. Este proceso se denomina "corte" y se hace antes del embotellado con el fin de llevar el alcohol a un nivel más aceptable para la mayorí­a de los consumidores y cumplir con la legislación de cada paí­s. A veces, este "corte" resulta insuficiente (generalmente, por eso decimos que primero es mejor probar algún trago del whisky sin añadir agua). Si es insuficiente y notas que cuando llevas unos tragos se te "duerme" el paladar; lo mejor es añadir algunas gotas de agua y "abrir" el whisky. Con esto podrás degustar diferentes sabores, nuevos y sutiles, que previamente no se habí­an mostrado.

Esto es especialmente necesario cuando se bebe un whisky fuerte, como los de 55-60 grados. Al probar este tipo de whiskies lo más seguro es que, primero, el alcohol camufle los sabores (incluso los más destacados) y segundo, que se te "duerma" el paladar (y las fosas nasales, la garganta...) y termines por no disfrutar de tu copa.

Al añadir un poco de agua se diluye el alcohol y sus efectos, cosa que despierta en el whisky sabores que quizás anteriormente habí­as pasado por alto. ¿Cuánta agua se le debe añadir? Aquí­ ya depende del gusto de cada cuál, pero nosotros los preferimos con unas pocas gotas de agua, cuanto más pura y blanda sea mejor.