De entre todos los antirradicales libres, esas substancias maravillosas que ayudan a combatir el envejecimiento, los componentes de la pepita de la uva superan con creces a todas las vitaminas. Se usan en balneoterapia y en los tratamientos corporales.

No solo aportan bienestar, sino que tienen muchas propiedades, especialmente cuando se realizan en la montaña. Doble beneficio para todos.

El descubrimiento de los polifenoles u OPC, principios activos que contiene la pepita de la uva, ha revolucionado el mundo de la cosmética.

Se conocían las propiedades nutricionales de la uva y la benéfica acción del vino (siempre que se consuma con moderación) sobre el sistema cardiovascular. Después se supo que de la uva no se desperdicia nada y que había que aprovechar al máximo las propiedades de racimos, escobajos, hojas de parra roja, pellejo, pulpa, pepitas.

Los polifenoles se usan tanto para envolvimiento como en baños, en los centros « SPAs et Beauté » de las residencias CGH, y constituyen una auténtica cura de rejuvenecimiento.

Resultan ideales al combinarlos con el aire puro de la montaña. Los polifenoles protegen la elastina, el colágeno y el tejido conjuntivo de la piel. Producen un notable efecto lifting, casi de inmediato. Y es que su eficacia es 50 veces mayor a la de la vitamina E y cerca de 20 veces mayor a la de la vitamina C.

Viva pues la uva, y no solo en macedonia o copa de vino. Combinada con otros tratamientos, la balneoterapia con uva negra hace maravillas.

Para disfrutar a tope del recién inaugurado SPA « Beauté et Montagne » del hotel Ecrin du Val Claret que cuenta con piscina lúdica, saunas y baños turcos, cuellos de cisne y aquabeds y un laberinto acuático, inspirado en las termas antiguas, en el que se suceden, a distintas temperaturas, chorros, contracorrientes, duchas múltiples y baños de burbujas. Mano de santo contra el estrés.