El paladar no engaña. No es necesario un proceso complejo de cata para detectar anomalías en un vino. En España, culturalmente, somos muy de quejarnos entre la masa de público y poco cuando dicha queja debe ser personal, por lo que en esto, también, solemos dejar pasar la ocasión de devolver el vino a su lugar solicitando uno nuevo.

Insuflar aire mientras se cata el vino es poco decoroso en un restaurante. Si a eso unimos un entorno poco apropiado para la cata (iluminación, temperatura, silencio, copa y aireación adecuadas, etc) el proceso de cata en un restaurante hace difícil la evaluación de un vino. Si no se tiene mucha idea, huelga decir que lo ideal es dejar la tarea en manos del sumiller, pues su consejo nos será de gran ayuda.

Sin embargo, a poco que tengamos criterio, resulta recomendable y divertido decidir por nosotros mismos considerando los gustos de los comensales que nos acompañan. De partida, has de saber que el cliente que demanda la carta de vinos suele ser propuesto a la cata. Una vez seleccionada la referencia/s, el momento más "tenso" se sucede cuando el sumiller observa con paciencia su aceptación del vino. Es un ritual necesario, aunque el representante de la responsabilidad a penas sea capaz de distinguir un vino sublime de otro defectuoso.

El paladar no engaña. No es necesario un proceso complejo de cata para detectar anomalías en un vino. En España, culturalmente, somos muy de quejarnos entre la masa de público y poco cuando dicha queja debe ser personal, por lo que en esto, también, solemos dejar pasar la ocasión de devolver el vino a su lugar solicitando uno nuevo.
Sólo es cuestión de atención y práctica y si tenemos dudas, compartirlo con el resto de comensales en su justa medida nos hará sin indicar el estado (el hecho de que la mesa sea informada de que el vino no está como debería condicionará su juicio, aunque sea erróneamente).

A veces, son nuestros gustos los que no se ajustan al vino elegido, por lo que en estos casos dudosos, quizás la solución sea pedir otra referencia. Este suele ser el camino elegido por el sumiller si al retornar el vino constata que este se encuentra en perfectas condiciones.

Sea como fuere hemos vuelto complejo un acto que para los no entendidos es tan sencillo como decir me gusta o no, y en caso de no gustarnos, analizar si se trata de un defecto del vino o simplemente nuestro criterio subjetivo.

Los platos a degustar deben tenerse muy en cuenta ya que la elección del vino adecuado va muy atada al tipo de comida con el que se consumirá.

Finalmente, un conocimiento de los comensales nos permitirá disfurtar a todos del maridaje de comida y bebida. Por ello, si no hay confianza, no está demás consultar por D.O´s preferidas, por otros vinos que suelen gustar por la tipología de uva. Decidir no está reñido con consultar.

Lo dicho, diviértase eligiendo el vino y si es necesario sea crítico cuando el vino lo requiera. Entre todos ayudamos a que la calidad el vino y su servicio sea el que se merece, también en la restauración.

Salud!