Aunque parezca extraño, alcoholizarse, en los  primeros tiempos de nuestra era, era pintarse los ojos con finos polvos de antimonio. Diluían este polvo negro haciendo hervir posteriormente el líquido. Luego, dejaban que el vapor se solidificara y así obtenían este artículo de belleza que llamaban khôl. Cuando se empezaron a destilar los vinos dieron al producto obtenido el mismo nombre que a la sombra de ojos al khôl, porque lo fabricaban por el mismo procedimiento. El alcohol, fue llamado después agua de vida, elixir de  vida, aguardiente, incluso agua de la inmortalidad por su propiedad de conservar incorruptos los cuerpos orgánicos que en ella se sumergían. Las aplicaciones del alcohol han sido infinitas. En Medicina, en la industria, en Enología y licorería. Ni hablar de las creencias populares que le han asignado virtudes de todo tipo.

El agua de vida, se utilizaba como producto medicinal, atribuyéndosele multitud de propiedades curativas, además de las antisépticas. Su obtención era todo un rito, no olvidemos que los árabes siguen llamando mahia a las bebidas alcohólicas. Su energía corría pareja con el tiempo que la llama estuviese calentando la caldera, mientras ms larga fuese la destilación mayores virtudes tenía el producto final.

La palabra brandy viene de Holanda. Al parecer, fue a un químico holandés. Corría el siglo XVI, al primero que se le ocurrió, ante la gran cosecha que produjo la región de la Charente, la idea de reducir el vino de volumen para rebajar los costos de almacenaje y transporte. Al vino quemado (vino adustum), llamó este técnico Brandewinj, vocablo que los ingleses transformaron en brandy.