Mientras la mafia siciliana ha perdido su fuerza cinematográfica cediendo su lugar a la rusa, la colombiana, la mexicana y la japonesa, entre otras, los vinos de Sicilia están de moda en muchas partes del mundo y ya llegaron a México, aunque en pequeñas cantidades, entablando una competencia feroz con los llamados vinos del nuevo mundo (Chile, Argentina, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda) y con la ignorancia del consumidor promedio. Para quienes ni siquiera sabían que Sicilia tenía un potencial interesante de producción vinícola, el presentarles la isla como una opción más en este rubro podrá parecerles atractivo, para otros, quienes visitaron el lugar años atrás y se encontraron con vinos de mesa "duros" y poco apetecibles, la presencia de Sicilia en el universo del vino es singular, por decir lo menos.

Las cosas han cambiado. Sicilia se ha convertido en un productor importante en la escena italiana y está lista para competir con los mejores, tal y como lo hicieron los países de donde provienen los vinos del nuevo mundo en su momento.

Sicilia tiene dos cualidades que le ayudan enormemente a generar buenos caldos: un sol que le envidian todos los europeos, con una temperatura templada por el mar, y un suelo predominantemente volcánico y granítico, es decir, una tierra fértil pletórica de minerales. La presencia del Monte Etna, todavía en erupción, da fe de lo anterior.

La historia señala a Sicilia como tierra de vinos desde la antigüedad cuando los griegos se surtían de uva en el centro de la isla. Muchas centurias después, en el siglo XVIII, los británicos apostaron a la producción de un vino fortificado que logró una fama mundial notable: el marsala. Al igual que en otras partes del mundo, la corrupción, el mal uso del suelo y la escasa inversión redujeron las posibilidades de florecimiento de la vitivinicultura a una producción mediocre, pobre y localista; pero en los últimos años, Sicilia ha renacido en este sentido, transformándose en cultivadora de buena uva capaz de competir con la mismísima toscana.

Sicilia produce más de 40 distintas variedades de uva, pero la Nero D?avola es la reina de la isla desde hace años. Esta cepa se ha convertido en el símbolo de la viticultura siciliana porque refleja la personalidad de su origen, generando vinos muy frutales, con sabores complejos, explosiones de frutos rojos, gustos de especies y aromas cautivantes, y que, además, se presta para casarse con otras uvas y formar fantásticos ensambles, cortes o maridajes, resultando en vinos muy equilibrados.

Feudi di San Giuliano es una de las casas sicilianas que ha logrado penetrar en el mercado mexicano con un portafolio compuesto por seis vinos: Nicasio Nero D'avola, Kundisa (un ensamble de Cabernet Sauvignon y Nero D'avola), Venti di Majo, Timpaia (Cabernet Sauvignon) Agathos Rosso y Agathos. La bodega pertenece a la casa de los barones de San Giuliano, una de las mayores productoras de vino de toda Sicilia establecida muy cerca de Marsala.

La buena noticia para el consumidor es que el vino siciliano no es caro, tiene una muy buena calidad y grandes posibilidades de sobresalir frente a campeones de muchos otros países, sobre todo del cono sur. Pruébelo, se va a sorprender.