Siete de las mayores fortunas de Francia están unidas por una pasión: los viñedos. En Francia ya se trata de una institución, el equivalente al Club del Milllón de Manhattan. Siete de las diez fortunas más abultadas del país galo, unidos por un denominador común: el placer por el vino. Empresarios y vitivinicultores, juntos suman más de 30 mil millones de euros entre fortunas personales y facturación de sus empresas.

No se trata de personas que cultiven un pefil precisamente bajo: Catherine Peré-Vergé, por ejemplo, es dueña de la famosa cristalería D?Arques, que al año marca una facturación de más de 1500 millones de euros.

No son menores las fortunas de los otros socios: Laurent Dassault, cabeza de la familia dueña de la fábrica de Aviones Mirage y una de las cinco personas más ricas de Francia, con cinco mil millones de euros; personaje polifacético, ya que cuenta en su propiedad con el grupo mediático Socpresse - que incluye al emblemático diario Le Figaro- dueño de los Falcon Jet, la empresa de aviación Dassault, entre otros negocios. Y para despuntar la pasión enológica, al igual que los otros seis del "Clos", ya ha puesto pie en la Argentina, con una bodega en Mendoza junto a Benjamín y Nadine de Rosthschild, de la familia de uno de los apellidos de banqueros más ilustres de Europa y, por supuesto, con activos que, según los especialistas contables, ya son difíciles de medir con exactitud.

El club de los Siete se completa con Bertrand y Jean Guy Cuvelier, cuya familia fue la propietaria de la empresa de materiales Eternit hasta 1995, y un apellido de bodegueros con más de cien años de tradición en la zona de Burdeos. Alfred y Michelle Bonnie, belgas, matrimonio experto en vinos a cargo del Chateau Lamartic-Lagraviere, de los mejores de la región de Burdeos. Todos ellos liderados por el enólogo más famosos de la tierra, Michel Rolland. Francés y por demás rico, gracias a que asesora a más de 100 bodegas en 13 países tan disímiles como la Argentina, Sudáfrica, España o India.

LA PATA ARGENTINA. La actividad de estos magnates tiene muchos puntos de contacto con la Argentina. El millonario emprendimiento "Clos de los siete" se desarrolla en el Departamento de Tunuyan, en la provincia de Mendoza, distrito de Vistaflores, son 850 hectáreas en el Valle de Uco, 470 de ellas plantadas con vides y ya llevan construidas 4 de las cinco bodegas proyectadas. En total hasta 2009 invertirán más de u$s 65 millones entre viñedos y bodegas.

La historia local se inicia precisamente en 1998: Michel Rolland y su amigo Jean-Michel Arcaute, vitivinicultor, deciden lanzarse por este ambicioso proyecto, y la Argentina era el lugar indicado.

Así, la primera de las bodegas construidas fue "Monteviejo" en 2003, de Catherine Peré-Vergé, una de las pioneras del proyecto y principal impulsora de la elección geográfica para las bodegas. La dueña de la cristalería líder en el mundo, no puso reparos para invertir en promedio u$s 7 millones y ser la que inició la producción de estos exclusivos vinos. Hoy Monteviejo posee un total de 121 hectáreas, plantadas con Malbec, Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah y Chardonnay.

La segunda de las bodegas de Clos de los Siete fue Flecha de los Andes, cuyos propietarios en partes iguales son Laurent Dassault y Benjamín Rothschild. Es el primer emprendimiento que realizan en Argentina. Dassault es el presidente de Dassault Investments, un poderoso grupo económico, como se dijo, accionista de la fábrica de aviones Mirage, y es, además, dueño de Chateau Dassault y Le Fleur. En suma; la familia Rothschild produce en total 1,4 millones de botellas de vinos de alta gama.

La tercera construcción fue Cuvelier de los Andes que se inauguró en marzo de este año, con una inversión de u$s 5 millones y una capacidad de vasija de 500 mil litros, es de los primos Bertrand y Jean Guy Cuvelier.

COPAS MILLONARIAS. La familia Cuvelier tiene una larga tradición vitivinícola en Francia que comenzó en 1804, con la adquisición de varios castillos en la zona de Burdeos. La cuarta de las bodegas comenzará a operar en marzo del año que viene y se llamará Diamandes, sus dueños son Alfred y Michele Bonnie, belgas adinerados y dueños del prestigioso Chateau Malartic-Lagraviere. La última de ellas será la del mentor del emprendimiento, Michel Rolland ?como se dijo, considerado como "la mejor nariz" del mundo en el ambiente del vino- que está en proyecto para 2009.

En suma, la actividad local del grupo Clos de los siete facturará este año u$s tres millones, con más de 600 mil botellas de producción, de los cuales el 90 por ciento se exporta a varios países: Francia, Canadá, Estados Unidos, Suiza, Inglaterra, entre otros.

De este modo, con una actividad que está fuertemente ligada a la Argentina, se cierra un círculo virtuoso: el de una "ocupación secundaria" que da placer a siete de los más poderosos empresarios de Francia.