Las mismas técnicas que permitieron averiguar hace una década el tipo de vino que se consumía en la época del faraón egipcio Tutankamon han servido para hacer lo propio en el yacimiento celtíbero de Segeda, situado en la comarca de Calatayud.

Los análisis realizados sobre la cromatografía de líquidos, han permitido analizar el ácido tartárico característico de la uva y el ácido siríngico, un derivado de la malvidina, que han permitido identificar el color del vino, que era tinto.

Esta técnica fue aplicada por primera vez por Segons Singleton en 1996 y María Rosa Guasch la aplicó a restos de ánforas de la tumba de Tutankhamon existentes en el Museo Egipcio de El Cairo. El director del proyecto investigador, Francisco Burillo, explicó que la variedad de vid que cultivaban en esta zona sería autóctona, un hecho que consideró de gran relevancia, ya que Segeda se ubica entre los valles del Duero y el Ebro, en los que actualmente hay zonas productivas de gran relevancia vitivinícola.

Además también se han encontrado numerosas vasijas, siendo generalizados los modelos importados de Italia, de donde también lo importaban, concretamente de la zona de Campania. El paso siguiente de este proyecto, en el que trabajan quince investigadores, es averiguar el ADN del tipo de vid cultivada, aunque no ha dado resultados hasta el momento.

Burillo explicó que la investigación que se desarrolla en Segeda se ampliará a otros productos alimentarios, ya que la dieta de sus habitantes era variada y consumían borraja, miel, gachas de harina de bellota, pan ácimo de varios cereales mezclados, lentejas o las habas.