La queimada es uno de los rituales más difundidos del aguardiente. Tiene un componente mágicoreligioso, heredado de civilizaciones antiguas, y transmitido de generación en generación.

Los orígenes de la queimada en hábitos célticos, como los elementos poéticos de los conjuros; románicos, germánicos (como el placer por la ebriedad colectiva y el gusto por las bebidas encendidas) y árabes (como el azúcar y el aguardiente).

Así, Alonso del Real establece sus orígenes en los siglos XI o XII, coincidiendo con la construcción de la Catedral de Santiago.

Las llamas de la Queimada son la expresión de la cultura de un pueblo milenario, que ha sabido integrar en su seno conceptos y actitudes que provienen de los albores de la civilización humana.

Preparación
El aguardiente se hace arder añadiéndole azúcar, cáscaras de naranja y limón, café o vino tinto al gusto del quemador. Con buen pulso se prende fuego y, mientras la queimada se remueve con un cucharón se recita algún conjuro, a la vez que se levantan las llamas. Es necesario tener en cuenta que la queimada ha de hacerse siempre en un recipiente de barro cocido. Y recordad que para librarnos del acecho de las brujas, hay que recitar el conjuro sobre las llamas, al tiempo que se prepara.