El patriarcalismo en Roma solo tenía una obligación.

La administración de la casa estaba librada a las mujeres salvo en un punto: el cuidado del vino, tarea exclusiva del hombre. El vino era guardado en la bodega y la llave era custodiada por el pater familias. Para controlar la abstinencia de la mujer, los familiares masculinos cercanos debían efectuar la prueba del beso, que consistía en besar a la mujer en la boca para comprobar el olor y el sabor de su aliento y así cerciorarse de que realmente no había bebido vino.