Un exceso de exposición a la luz contribuye a la presencia de aromas desagradables parecidos a los que podemos percibir cuando olemos un cartón húmedo, y/o maíz enlatado, y/o caucho/goma y/o col (berza, repollo).

 La explicación científica atribuye este efecto negativo a la reacción de la luz ultravioleta con los componentes con sulfuro presentes en el vino, tales como el dimetilsulfóxido.

Los vinos delicados como el cava o champán son más susceptibles a este efecto, los tintos raramente llegan a estropearse por la luz debido a que los componentes fenólicos presentes en éste lo protegen.

Con el objetivo de proteger de la luz los caldos podemos ver las botellas fabricadas con vidrio de distintos colores.


Líneas de aplicación práctica:

Como corolario de lo expuesto podemos decir que los vinos prefieren lugares oscuros para su almacenamiento.