Por Carlos Rodríguez. En un anterior artículo hace ya un año escribía algunas líneas sobre el corcho, mas bien sobre su importancia y comenzaba a dar algunas pinceladas sobre la clara evolución y tendencias en el mercado del corcho. Decía de aquella:

Estamos asistiendo a una más que clara evolución en los corchos, se está imponiendo de forma clara en los mercados anglosajones el corcho sintético y en breve las exportaciones se realizarán bajo formato de tapón de rosca. Con respecto al mercado interior aún queda mucho para esta evolución, pero tiempo al tiempo, aun a pesar de que en mi opinión le restará el encanto que envuelve a pararte un minuto a ver, oler y analizar el corcho.

Pero, no nos engañemos, en lo que respecta a los corchos sintéticos está aún por ver como evolucionan con el paso de los años y como los compuestos de los que están realizados interactúan con el vino, y como los tapones de rosca en un 2,2% aproximadamente están presentando aromas fácilmente asimilables a TCA, es decir olores a huevos podridos.

Lógicamente el mercado evoluciona hacia la búsqueda de durabilidad en el tiempo y aumento de calidad, pero a mí­ particularmente aún se me hace raro abrir una botella y que no tenga un buen corcho, perdón tapón (cambiaremos hasta el lenguaje), de corcho.

Pasado ya un año, y viendo la evolución del sector hacia este tipo de nuevos cierres, me gustarí­a aportar otro punto de vista y que ciertas asociaciones defienden y en mi opinión  no van desencaminadas: si esta nueva tendencia lleva a reducir la producción de corcho natural debido al menor uso del mismo, implicará una grave crisis en el sector dedicado a la extracción de forma natural del corcho con lo que llevarí­a al cierre y abandono de explotaciones de alcornoques, dejando olvidados un gran número de árboles y favoreciendo la deforestación y posibles incendios.

Así­ que el uso de cierres no naturales es cuestión ya no sólo de gustos, problemas de evolución del vino, problemas de TCA, etc es un problema, porqué no ecológico.

Saludos,
Carlos Rodrí­guez.

Roco&Wines